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  • Tiroteo en un colegio americano.

    OK Corral

    Los hediondos medios de comunicación españoles, principalmente las televisiones, esos mismos medios que ningunean las manifestaciones de estudiantes o las huelgas generales, están dedicando horas y horas a pormenorizar y diseccionar el reciente tiroteo en un colegio de Connecticut que en mi modesta opinión no nos incumben más allá de la simple anécdota. Además, ni siquiera se trata de información relevante sino un trufado de banalidades y tópicos al estilo:

    1. El asesino era un adolescente tímido e inteligente con problemas de encaje en la sociedad. No, verán, un adolescente tímido e inteligente con problemas de encaje era yo. El asesino es un anormal y un cabrón.
    2. Intento de vincular el hecho con Internet o los videojuegos. Cuando no sabes que decir, porque nada tienes que decir, puesto que la proliferación de armas de fuego no es un problema de nuestra sociedad, lo que intentas es vincularlo con algo con lo que la gente esté familiarizada, como buscar una relación entre asesinos anormales y cabrones con los videojuegos o simplemente con Internet. Tal como señalan en este interesante articulo, nadie relaciona matanzas con ser aficionado al futbol o al Skate, como al parecer era también el asesino de Newtown. Cómo dice el célebre abogado David Bravo, la tecnología que mata es la de las pistolas no la de Internet.
    3. Nadie puede explicarse lo que ha sucedido. Yo sí. Qué les parece… un anormal y un cabrón con acceso a armas automáticas inmerso en una cultura que promueve y glorifica la violencia, es más fácil que se líe a tiros que una persona cabal, sin acceso a armas automáticas aunque también esté inmersa en una cultura que promueve y glorifica la violencia.
    4. En los USA es muy fácil conseguir armas de fuego y por eso pasa lo que pasa. Pues yo pienso que eso no queda tan claro. Precisamente con lo fácil que es obtener un arma de fuego en los Estados Unidos, lo que resulta increíble es que siendo 300 millones de habitantes con más de 80 armas por cada 100 personas tan sólo haya alrededor de 13.000 muertes al año por disparos, me parece un ejemplo de civilización y progreso la verdad. Este artículo de la BBC resulta esclarecedor.
    5. Tratar el tema como si fuera asunto nuestro. Los medios de comunicación españoles tratan estos temas como si el tiroteo en vez de en Newtown Connecticut, hubiese sido en Alpedrete o en Sant Boi de Llobregat. ¿Cuánto tiempo habrán dedicado los medios de comunicación norteamericanos a los sucesos del Madrid Arena? ¿Por qué los medios españoles no dedican el esfuerzo que están dedicando a la matanza de Newton en explicar porque es igual de perverso que unas chicas mueran aplastadas en una avalancha porque alguien movido por la codicia dobló el aforo del local donde se celebraba la fiesta a la que acudieron? ¿Por que no explican con igual intensidad que hay normativas estrictas que limitan el aforo de los locales de pública concurrencia? ¿Por qué no detallan que algunas de esas normativas están dictadas por el ayuntamiento el cual es el responsable de su cumplimiento y que por tanto, ese ayuntamiento es responsable directo de esas muertes? ¿Por qué los medios de comunicación españoles pierden tanto tiempo debatiendo sobre si Obama debe o no limitar la venta de armas y tan poco en decidir si la alcaldesa de Madrid debe o no dimitir?

    Sucesos como los tiroteos en colegios no deberían suceder pero ya me he enterado y sinceramente, tengo cosas más importantes en las que preocuparme y los medios de comunicación de este país no me ayudan en nada a despejar mis dudas, salvo que mis dudas en vez de sobre la economía, las pensiones o mi futuro, sean sobre la venta de armas en Newtown Connecticut.

     

  • Publicidad absurda (2)

    Me gusta la publicidad. Entiendo su función en la economía moderna y valoro su trascendencia en el momento histórico que vivimos pero desde que leí 13,99€ de Frédéric Beigbeder no puedo ver un anuncio sin sentirme secretamente manipulado. Me gustan los anuncios y me gusta criticarlos cuando me siento agredido o insultado por una campaña publicitaria absurda. Estas fechas son especialmente proclives a la publicidad tópica y ridícula. He aquí algunos ejemplos.

    La salud es lo primero.

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    Dos mujeres madre e hija de un fulano, están preocupadas por el aumento del colesterol de su marido y padre. Ambas mujeres disponen al parecer de buenos contactos y deciden hacer algo al respecto. ¿Y qué hacen? ¿Buscan el consejo de algún médico famoso? ¿Consiguen una plaza en algún centro de salud prestigioso? ¡No!  Traen a Vicente Del Bosque armado con un yogur para que le diga a su marido y padre que se cuide el colesterol.

    Rebelde de postín.

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    Una mujer, creo que está interpretada por Julia Roberts, entra en una lujosa fiesta donde caballeros con smoking y damas con vestidos con lentejuelas bailan en un majestuoso salón. Todos los participantes de la fiesta, incluida la protagonista, se mueven por efecto de hilos de marionetas hechos de algo que parecen brillantes. En este estado de cosas, la protagonista piensa que lo mejor en un mundo de reglas y convencionalismos, es rebelarse. Para ello rompe los hilos de marionetas y con gesto épico asciende por una escalera que lleva a un nivel superior. No se sabe que nivel es pero sin duda es mejor que el mundo de riqueza y lujo donde está. La pregunta que se me ocurre es: si no te gustan las reglas y los convencionalismos ¿para qué demonios vas a esa fiesta? Hay un montón de actividades que puedes hacer donde no hay reglas y convencionalismos. La gente quiere lujo y riqueza pero sin obligaciones. ¡Ridículo!

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    Sin embargo no a todo el mundo le parece mal los convencionalismos y las reglas. En otro anuncio dos jóvenes guapísimos, chico y chica, intentan por todos los medios colarse en una fiesta a la que no han sido invitados. Ambos anuncios son de perfumes y ambos anuncios intentan ligar la imagen del producto con conceptos totalmente opuestos y pintorescos de rebeldía.

    Insectos seguros.

    Un padre joven y atlético sentado en un sofá dentro de una casa unifamiliar enorme con jardín, lee junto a su hijo la fábula de la cigarra y la hormiga. El guapo padre nos dice que su hijo recoge todas las monedas que encuentra y las mete en una botella. Incluso se ve al  niño con la botella llena de monedas hasta la mitad. Al parecer en esta familia dejan caer las monedas como si su suelo fuera la Fontana de Trevi. Para colmo ese padre que ha comprado una casa con jardín de dimensiones palaciegas nos dice que: “Es mejor se hormiga que cigarra” ¡Pues lo disimulas muy bien! No sólo es discutible si es peor ser una cigarra satisfecha y libre que una hormiga esclava, sino que además tu no predicas con el ejemplo, ¡pollo! Menudo chalet te has comprado, con Vespa tuneada aparcada y todo. ¡Vaya ejemplo de ahorro! ¡Ridículo!

    La ciencia en España está fatal.

    Una presentadora de noticias televisiva nos quiere instruir sobre las bondades de usar un cepillo de dientes de una determinada marca, pero para ello lo primero es ilustrarnos de los problemas típicos de las bocas. Para ello lo mejor es conectar por videoconferencia con un científico. Ni corta ni perezosa lo hace y nos pone en contacto con un supuesto científico, de no se sabe que rama de la ciencia, sólo sabemos que es un científico y extranjero. A lo mejor es un sociólogo, pero para explicarnos lo que es la placa bacteriana nos sirve, mientras sea extranjero, pues en España no hay científicos. Los recortes no sólo han menguado los recursos para investigación sino que han eliminado del todo a los científicos. Nadie en este país está capacitado para explicarnos en que consiste la placa bacteriana. Un anuncio absurdo e hiriente.

    Apadrina a un niño.

    Un futbolista muy importante nos dice que: “La sonrisa de un niño es suficiente para que me deje la piel en el campo”. ¡Claro! es por los niños que te dejas la piel. Los millones que cobras, los impuestos que no pagas y los ingresos por publicidad no tienen nada que ver. Es por los niños… ya. No soporto que futbolistas podridos de millones me pidan dinero. No me importa lo buena y justa que sea la causa. Me siento insultado. Donad el dinero vosotros, ¡mamarrachos!

    El tamaño importa.

     IPhone 5 y el pulgarEste anuncio no es absurdo pero me ha sorprendido el éxito que ha tenido y la verdad no me parece para tanto. La publicidad de Apple es tan reverenciada como lo son sus productos. Esta compañía ha realizado algunas de las campañas publicitarias más divertidas y creativas de la historia pero no creo que evite que pueda hacer algún que otro anuncio tontorrón. Un ejemplo, según mi opinión es este anuncio del iPhone 5 y el pulgar. En este anuncio nos dicen que el tamaño de la pantalla del nuevo celular está concebido para alcanzar con el pulgar cualquier punto de la pantalla. Voy a olvidar que mi pulgar no llega ni de coña a los mismos sitios donde llega el pulgar de Pau Gasol, por ejemplo. El jugador de los Lakers puede llegar con su pulgar a cualquier punto de la pantalla de un Galaxy Note y ello no indica que la pantalla de este enorme celular esté concebida para tal cosa. Apple oculta de manera entrañable su capitulación pues hasta no hace mucho, criticaba con dureza tanto las pantallas mayores de 4 pulgadas en teléfonos y de menos de 10 pulgadas en tabletas. El nuevo iPhone tiene una pantalla de 16:9 que es un estándar que la competencia hace tiempo que había adaptado en muchos de sus modelos y decir ahora que la pantalla del iPhone es una genialidad de los diseñadores de Apple, no cuela.

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    Publicidad absurda (1)

    Publicidad absurda (3)

  • Gran acopio de alimentos.

    He acompañado a mi madre al mercado de Felipe II. Mi madre antes de empezar a comprar desayuna en uno de los bares que hay dentro del mercado así que hoy yo también he desayunado allí. La camarera y dueña del bar, nos sirve sendos bocadillos de tortilla de alcachofa y café con leche. Mientras mi madre disuelve la sacarina en su café observo como la camarera comienza a voltear una morcilla y unas tiras de cebolla en la plancha. Un tipo con un abrigo marrón ha pedido que le pongan esa morcilla y esa cebolla entre media barra de pan. Evaluó las consecuencia que tendría en mi organismo ese bocadillo de morcilla pero me interrumpe una chica gordita con una camiseta blanca y unas gafas de pasta, para ofrecerme una bolsa de plástico al tiempo que me comenta:

    – ¿Quiere colaborar con la recogida de alimentos?

    – No gracias. – Contesto con la cara de perro con la que deniego desde hace años cualquier petición de limosna. La chica gordita intenta convencerme loando el carácter altruista de su cometido y yo fijo mi vista sobre unos enormes y flácidos pechos que inútilmente pretende sujetar con un sostén del todo inapropiado y que se marca bajo las siguientes palabras impresas en la camiseta:

    Gran recapte d'aliments

    “Gran acopio de alimentos” traduzco mentalmente mientras la chica gordita continua con su lastimosa cháchara.  Mis ojos abandonan sus catastróficos senos y se clavan en una gran caja de cartón sobre un palé de madera, situada unos metros a mi izquierda,  donde está escrito el mismo mensaje. Esta vez, sin embargo mi atención se concentran en la parte donde dice:

    Gran recapte d'aliments

    Todo este tinglado de la recogida de alimentos está patrocinado por una entidad bancaria que podría comprar toneladas de alimentos y repartirlos juiciosamente entre los más necesitados de sus hipotecados clientes, por ejemplo. Pero en vez de eso, ha decidido  que sean los ciudadanos hipotecados, los que cedan caritativamente alimentos comprados de su bolsillo. Quién mejor que el ciudadano acosado por la crisis, conoce las verdaderas necesidades de la gente que pasa privaciones. Los ejecutivos de “La Caixa” están dotados de cerebros analíticos muy útiles en el fragor de las batallas bursátiles pero inapropiados para temas de índole humanitaria y podrían decidir inconscientemente, que los pobres pueden necesitar  toneladas de arroz y patatas. Es mejor sin duda, que sea la gente de a pie, la que verdaderamente sabe lo que precisan los menesterosos, la que garantice un continuado suministro de latas de tomate a punto de caducar  y los barquillos esos que nadie se come y que siempre vienen en los lotes navideños.

    Esos mismos ejecutivos, que tan eficientemente han mandado comprar y rotular esas cajas de cartón, podrían decidir también que fuera una empresa de logística quien las montase y colocase encima de los mohosos palés. Pero eso nuevamente carecería de la componente humanitaria propia de los actos benéficos, así que, lo más idóneo, será que lo hagan voluntarios que suplan la falta de remuneración y experiencia  con fe inquebrantable en la solidaridad y bondad de la gente.

    La chica gordita, se olvida de mí y acude en busca de un mejor buen samaritano, agitando cómicamente la bolsa que pretendía darme. Mis ojos vuelven al bocadillo de morcilla al que el tipo del abrigo marrón está apunto de hincarle el diente. Por unos momentos pienso en arrancárselo de las manos y junto con mi medio bocadillo de tortilla depositarlo en la caja de cartón del “acopio de alimentos” contribuyendo a reducir el hambre y los índices de colesterol del tipo del abrigo marrón, pero una fugaz visión de ejecutivos de “La Caixa” abalanzándose sobre los bocadillos y devorándolos me hace desistir y concentrarme en otras cosas… puede que los pechos de la voluntaria no fueran tan catastróficos al fin y al cabo.

  • Temo a los griegos incluso cuando hacen regalos

    Temo a los griegos incluso cuando hacen regalos

    (Barcelona 28 de noviembre. interior noche.)

    – Sonido de llamada telefónica…. Descuelgan. – Love, love, love nanainioonaino…- Aparto el auricular con gesto de dolor. La tonada del tal Makako a todo volumen ha traspasado el umbral del dolor de mi oído.

    -Bienvenidos al servicio de atención al cliente de Orange. Si desea información sobre tarifas y descuentos pulse 1, para configurar su conexión ADSL, pulse 2 para cualquier otra consulta pulse 3.

    – 3.

    – La llamada va a ser transferida a un operador. Le recordamos que para su satisfacción y mejora de nuestro servicio esta conversación va a ser grabada.

    – Buenas noches le atiende Gabriela Rosemary en qué puedo ayudarle.

    – Buenas noches verá he recibido un correo electrónico donde me dan las gracias por contratar un servicio que yo no he solicitado.

    – Dígame su nombre para dirigirme a usted.

    – Me llamo David Torres.

    – Bien David. ¿Es usted el titular de la línea?

    – Sí – No sé si se ha notado mi enfado por su tuteo.

    – Puedes darme tu DNI para comprobarlo.

    – Sí, es el 351… con la letra R de Roma.

    – Bien David ¿en qué puedo ayudarle?

    – Pues que ustedes me felicitan por la adquisición de un servicio y yo no he contratado ningún servicio.

    – Bien David, déjeme que compruebe su factura para saber que servicios tiene contratados, no se retire. Love, love, love nanainioonaino… Ahora son mis dos tímpanos los que presentan síntomas de inminente rotura. ¿Por qué pondrán esta música tan fuerte? – Love, love, love nanainioonaino… – El tiempo pasa. Repetición del estribillo ad nauseam y a todo volumen. Conecto el manos libres pero la música está tan alta que temo despertar a los vecinos. Vuelvo al auricular. – Love, love, love nanainioonaino…Pasan los minutos. He tenido tiempo de hacerme una leche caliente con cacao donde me propongo mojar un trozo de pan. – Love, love, love nanainioonaino… David, gracias por permanecer a la espera.

    – Contesto con un sí ahogado por el primer trozo de pan pringado en cacao.

    – Tiene usted una línea de ADSL de 6 megas. – ¿Seis? Ahora me entero. Por como me va la conexión yo diría que son dos como mucho y no muy espabilados.- Tiene también el pack antivirus…- Lo recuerdo. Me lo regalaron cuando me pase a ADSL y nunca he conseguido instalarlo; creo en el MIT y en la Universidad de Stanford tampoco lo han conseguido instalar.- Y veo que también tiene el pack Tranquilidad Naranja.

    – ¡Pare!- Grito espurreando leche con cacao por todo el escritorio.- Eso yo no lo he pedido.

    – Se trata de un plan que le garantiza una conexión libre de virus, spam y con servicio técnico en menos de 24 horas.

    – Sí ya, pero yo no lo he pedido.-

    – El plan se llama Tranquilidad Naranja y veo que se le ofreció en llamada telefónica en pasado uno de julio.

    – Pues en esa llamada dije que no lo quería además es evidente que no funciona pues se llama Tranquilidad Naranja y yo, además de intranquilo estoy rojo de indignación.

    – Gabriela Rosemary lanza una risita por culpa de mi comentario jocoso.- Entonces… ¿No lo quiere David?

    – No. No lo quiero ahora como no lo quise cuando me lo ofrecieron en julio.- Comento mientras limpio de migas la pechera de mi pijama.- Lo que me llama la atención es que me adjudiquen un servicio que expresamente me he negado a comprar.

    – Ya…- Noto como Gabriela Rosemary se pone tensa. Piensa que voy a echarle una bronca.

    -No voy a enfadarme con usted (remarco el usted para que aprecie mi educación de colegio subvencionado) pues sé que no es la presidenta de France Telecom y ninguna culpa tiene.

    -¡Je! – Dice entre sorprendida y agradecida, Gabriela Rosemary.

    – Pero sé que esta llamada está siendo grabada y voy a decir algo por si alguien la escucha. Puede que de nada sirva pero quizás esta llamada junto con otras de otros abonados puedan llegar a tener cierto peso estadístico y su empresa desista con el tiempo, de ciertas prácticas comerciales.

    ¡Je! – La sorpresa de Gabriela Rosemary va en aumento. Acostumbrada a los insultos de maleducados no sabe como reaccionar a mi verborrea, más confusa que de costumbre ya que me he quemado la lengua al sorber la leche con cacao.

    – Verá esta empresa lleva varios meses llamándome para proponerme ofertas de productos de seguridad y de manutención de mi línea de ADSL a las que sistemáticamente digo que no, pues llevan aparejadas contratos de permanencia. Pero lo más curioso es que durante este mismo tiempo mi conexión a internet está sufriendo numerosos cortes y problemas de transmisión lo cual puede deberse a dos cosas: a una simple y fortuita casualidad o a una simple y premeditada extorsión.

    – ¡Ji! – Gabriela Rosemary no sabe como contestar a mi cháchara y nos sumimos en un incomodo silencio.

    – Estoy en el paro y no sé hasta cuando podré seguir pagando la conexión a internet por lo que no quiero arriesgarme a contratar nada que pueda suponer una costosa penalización, si como resulta factible, debo finalizar nuestra relación contractual. ¡Lo han oído! Me refiero a los encargados de escuchar estas grabaciones y no a la operadora que me está atendiendo.- Doy un gran sorbo a la leche con cacao aprovechando que ya está templadita.

    – ¡Je!… Bien David pues le doy de baja. Le podemos garantizar que ya no tiene contratado el plan Tranquilidad Naranja. ¿Podemos ayudarle en alguna cosa más?

    – No eso era todo.

    – Bien David pues si es tan amable le rogamos que conteste a las preguntas del cuestionario sobre nuestro servicio al finalizar esta llamada.

    – Me despido y contesto al cuestionario otorgando la máxima puntuación a Gabriela Rosemary. Seguramente dentro de cinco o seis meses volveré a llamar para que me anulen el servicio que me negué a contratar y que comenté en otra ocasión, pero ya me ocuparé de eso ahora lo más urgente es ver como limpio mi precioso Samsung Galaxy SII de restos de pan mojado en leche con cacao.

  • ¿Qué me pasa Doctor?

    Médicos

    – Buenas tardes doctor. – Saludo con gesto cansino a mi médico de cabecera.

    – Buenas. ¿Qué tal? ¿Qué le ocurre mmm… David? – Comenta el médico ojeando mi historial.

    – Le explico… Padezco de ansiedad y depresión desde hace un tiempo.

    – Sí, ya me acuerdo de usted… ¿Y cómo va ese ánimo, dígame?

    – Raro.

    – ¿Raro, en qué sentido?

    – Verá Doctor. Hace dos años perdí mi trabajo, me separé, perdí mi casa, parte de mis ahorros y mi perro.

    – ¿Todo a la vez?… Entiendo, siga. – El médico comienza a tomar nota un bolígrafo que le dieron en un congreso sobre hipotiroidismo.

    – Pues que estoy desanimado, desganado, triste y falto de fuerzas.

    – Normal en su situación. – Me comenta mientras arranca una hoja de un bloc con la marca de un antipirético en el encabezado de cada página. – ¿Dónde está lo raro?

    – Verá, me siento cada vez más estancado, más… – Contesto tartamudeando.

    – ¿Más qué? – Inquiere el médico mientras subraya alguna cosa con un fosforito que imita graciosamente un gotero.

    – Pues de pronto, no sé, todo me molesta, no soporto a los jóvenes de hoy ni la televisión… Cosas que antes me daban igual o incluso que me gustaban ahora me irritan.

    – ¿Por ejemplo?

    – …. me molestan las extravagancias, la frivolidad, las odiosas modas…

    – …mmm, principio de misoginia, incipiente homofobia… – Comenta susurrando el doctor.- Siga.

    – Me irrita… – ¿Ha dicho homofobia? Debo de haber entendido mal, pienso mientras vuelvo a tartamudear. – Me irrita, digo, ver a según que gente que no lo merece, trabajando mientras yo no tengo oportunidades.

    – … mmm, los inmigrantes, vamos.

    – ¡Yo no he dicho eso! – Protesto abriendo mucho los ojos, mientras el doctor continúa escribiendo. – No me refería a…

    – ¿Qué más? Me interrumpe el galeno grapando unos papelitos de mi historial con su grapadora con el logotipo de un antihistamínico.

    – Algunos temas me hieren profundamente, no sé, lo de la independencia de Cataluña, me indigna y eso que ni me va ni me viene.

    – … mmm, nacionalismo reactivo… continúe.

    – No sé si será eso, pero en ocasiones, hasta defiendo al gobierno actual, cuando hace unos meses echaba pestes de él. ¡Qué no habré dicho contra la reforma laboral o sobre el rescate de la banca! y ahora, míreme, dice algo en contra suya el Financial Times y me pongo negro, ¿Lo entiende usted, doctor?

    – …mmm. Se siente desamparado y busca protección en la autoridad…suele pasar.

    – Si usted lo dice. – Desconcertado, espero a que el médico diga algo pero éste sigue escribiendo. – Bueno… pues no sé. – Balbuceo con la esperanza de llamar la atención del facultativo.

    – Bien, bien. – Comenta cantarín el médico mientras comprueba la fecha en un calendario con el nombre de un antiemético escrito al final de cada mes. – ¿Y esos síntomas, “raros”, cuándo aparecieron?

    – Hace dos o tres meses.

    – Ya. – El doctor toma nota de la fecha y le pone un clip del color corporativo de una farmacéutica, a no sé qué de mi historial. – Ya se le acaba el subsidio ¿no?

    – En febrero, creo.

    – Bueno, bueno… – Canturrea el médico mientras me mira por encima de sus gafas de leer. – A ver que hacemos con usted… – Me dice con tono paternalista y risueño.- En principio yo no me preocuparía es algo normal, sobre todo, a su edad. – el médico comprueba mi edad en el historial.- 44 años… ¡Lo qué yo decía!

    – ¿Pero qué es doctor?

    – Se está usted volviendo de derechas. Es algo muy común en tiempos de crisis. Le pasa a muchísima gente. No hay más que ver las pasadas elecciones gallegas. No tiene nada que ver con su estado ánimo. Es algo natural, a algunos les ocurre antes y a otros después. Ya verá ahora, con las elecciones catalanas, ¡así, así de gente se ve afectada!

    – Pero no puede ser. Sí siempre he sido de izquierdas: Soy tolerante, agnóstico, ecologista y además estoy afiliado a un sindicato.

    – Precisamente, ese es el grupo de riesgo; lo que se creen de izquierdas. Como usted, amigo David, pero usted no es de izquierdas, como mucho, un progre.

    – ¿Pero qué me dice? – Exclamo entre aspavientos.

    ¡No se agobie! En tiempos difíciles y con lo que usted ha pasado es normal que afloren los instintos más básicos. ¡Tranquilícese! En su estado de depresión no conviene alterarse.

    ¿Y qué me recomienda?

    Nada. Se le pasará. Cuando vuelva a tener trabajo y su vida vaya mejorando verá como vuelve poco a poco a sus niveles anteriores de progresismo. Mientras tanto, distráigase, haga ejercicio y beba mucha agua… Claro que también puede intentar ser de izquierdas de verdad, pero yo creo que le faltan coj… quiero decir, aptitudes; y a su edad… no sé, pruebe. – Sentencia el médico mientras me extiende una receta. – ¡Tenga! Tómese estas vitaminas. Una al día. ¡Y no descuide su medicación, ¡eh!.

    Gracias doctor. – Me despido del médico tan avergonzado como si lo que me hubiera diagnosticado, fueran ladillas.

    (Inspirado en una conversación con mi hermano de hace unos días)

  • Una mañana de noviembre.

    Noviembre puede ser un mes muy duro si eres asmático crónico como yo. Noviembre podía ser un mes cruel si eras un niño asmático crónico en los años setenta como lo fui yo.

    Hace cuarenta años ese niño de los setenta pasó una mala noche. Apenas había podido dormir y estaba exhausto. Un simple resfriado estaba encharcando sus bronquios y el espasmo empezaba a hacerse notar. Cada bocanada de aire iba acompañada de los tenebrosos sibilantes a cuyo sonido, el hombre que es ahora, todavía no ha logrado acostumbrarse. Hoy en una situación así, se levantaría de la cama y se aplicaría el inhalador de salbutamol y todo arreglado, pero aquel niño de los setenta, no tenía un inhalador.

    Aquel niño de los setenta sabía que le esperaba un suplicio de muchas horas. Sí el bronco espasmo era muy fuerte su madre le pondría un supositorio antiinflamatorio y retrasaría la partida al colegio unas horas. Si era leve, entonces aquel niño de los setenta tendría que levantarse, vestirse, tomar su leche con cacao e ir a clase como los otros niños de los setenta. Así fue educado ese niño. – Sí no tienes fiebre, tienes que ir al colegio– pero ese niño no tenía ganas de ir a ninguna parte; no se tiene ganas de nada cuando no puedes respirar con normalidad.

    Así que esa mañana de noviembre, de hace cuarenta años, esperaba desde la cama a que su madre le despertara y empezara el martirio; pero su madre no entraba a despertarle. Mientras escuchaba los sonoros pitidos de su pecho empezó a darse cuenta de que algo no iba bien. Su madre habría la puerta de la habitación cada día lectivo a la misma hora con puntualidad, pero hoy no.

    Con la confusión mental que el asma le provocaba, el niño de los setenta se consoló pensando que quizás su madre, habría oído los silbidos de su pecho mientras él dormía y que ya había decidido de antemano dejarle dormir y llamar al médico a media mañana. Alguna vez había sucedido, pero él había notado la presencia de su madre en aquellas ocasiones y hoy no, así que no podía ser. El juicio materno que decidiría si se quedaba en la cama o iba al colegio con asfixia, estaba por celebrarse. El niño de los setenta se sintió desconsolado.

    Pero algo pasaba, sin duda, su madre tardaba más de la cuenta en despertarle y eso sí que no había sucedido nunca. Como era de esperar el nerviosismo que sentía por el extraño comportamiento de mamá acentuó los síntomas del asma y esto a su vez aumentó el deseo de que ese día no tuviera que ir jadeando a la escuela. Y tal como era habitual, el niño de los setenta pidió al Dios en el que le habían enseñado a confiar, que le dejara ese día en la cama.

    No. No es esta una historia navideña ni de niños buenos ayudados por la divina providencia. Aunque el milagro ocurrió. La madre del niño de los setenta abrió la puerta del dormitorio y sin ni siquiera entrar comentó en tono solemne:

    – David, no te levantes. Hoy no hay colegio… Ha muerto Franco.

    El niño de los setenta que fui se sintió aliviado. Aunque su pecho ardía y silbaba como una armónica desafinada, se sintió feliz de no tener que enfrentarse al frío mundo de noviembre sin aire. El niño de los setenta, más tranquilo, pudo conciliar el sueño y dormir un poco.

  • Temo a los griegos incluso cuando hacen regalos.

    Caballo troyano.

    (Transcripción y comentario de una llamada recibida el día 16 de noviembre de 2012)

    La llamada de teléfono interrumpe mi merienda a base de castañas asadas con el microondas.

    -Diga. Espero que se haya entendido que he dicho, diga pues no he acabado de masticar la primera castaña.

    -Buenas tardes. ¿Es usted David Torres? – Me pregunta una voz de mujer joven.

    – Soy yo – contesto evitando decir el adverbio sí. Siempre evito decir sí cuando recibo llamadas comerciales.

    – Encantada David. Le llamo de Orange para agradecerle su fidelidad a nuestro servicio – Ya puede decirlo. Tengo mi conexión de internet con Orange hace más de 10 años.

    Por eso, David queremos obsequiarle con un descuento en su tarifa.– No me gusta un pelo que me tuteen los desconocidos. Me pone nervioso, tanto que desisto en mi intento de pelar una castaña mientras sujeto el celular.

    – El descuento, David, sería del 10% de su tarifa mensual…- quiero decir algo, pero la chica habla endiabladamente rápido y no puedo interrumpirla. Sé de antemano lo que va a decirme: “Este descuento lleva aparejado un contrato de permanencia».”

    – Lo único que tiene que hacer, David, es permanecer con nosotros 12 meses más- (¡Bingo!) – para activarlo tiene que… – Decido que ya  he escuchado suficiente y con mi voz más solemne y masculina le interrumpo, no sin antes asegurarme que no quedan restos de castaña en mi boca.

    – ¡No!. No quiero descuentos.- Una nueva frase sin decir sí, vamos bien.

    – Bien David, lo entiendo pero puede decirme ¿por qué? – Me pregunta con tono de desconcierto. Su insistencia en tutearme me provoca ansiedad y la ansiedad me hace desear aún más comer castañas.

    – Verá aceptar ese descuento comporta aceptar también, como me ha indicado, un contrato de permanencia y resulta que estoy desempleado por lo que lo último que me interesa es atarme a nada. Contesto con la esperanza de que el mencionarle que soy un parado le haga perder el interés y se desentienda de mí como si fuera un apestado.

    – Ya David, pero pagaría menos- insiste la chica como si yo no supiera lo que significa descuento. ¡Claro! como no he protestado por el tuteo debe de pensar que soy un niño.

    – Lo sé, pero al tener el contrato de permanencia me penalizarían gravemente en caso de darme de baja, algo muy factible dado que como le he dicho, estoy parado.

    Orange, fue mi operador de telefonía celular y por no ser cuidadoso me crujieron cuando me cambié a mi compañía actual. Les acepté una oferta por un teléfono nuevo, sin darme cuenta que tenía permanencia y cuando me di de baja la penalización equivalía al resto del precio del teléfono)

    – Entiendo David. En ese caso podemos ofrecerle un servicio de garantía total con un precio de 120€ que le proporciona un servicio que…- ¡Para la cinta!

    Vamos a ver, ¿desde cuándo estar desempleado es indicativo de tener dinero para gastar? Puede que me esté haciendo mayor, pero en mis tiempos estar en el paro era algo más próximo a la indigencia que a la “Dolce Vita”. Y por otra parte ¿Cómo puede un comercial, por agresivo que sea, pensar que pagar 120 “lauros” a tocateja es algo más atractivo para un parado, que el descuento del 10% que acaba de rechazar?

    – …bla, bla, bla. – La chica me explica las bondades del servicio de los 120€, tiempo que aprovecho para tomar aire, moderar el cabreo por el continuo tuteo y preparar mi laringe para un sonoro ¡No! en caso de que sea de menester.

    – Lo siento, ya le he dicho que no me interesa ningún producto.

    – Gracias David ya sabe que para cualquier consulta puede ponerse en contacto con nosotros…- Oigo despedirse a la comercial mientras repaso mis palabras por si acaso he dicho algún sí. Creo que no he pronunciado ninguna afirmación que pueda ser manipulada para falsificar un consentimiento. Puedo por fin, ocuparme tranquilamente del resto de castañas asadas con microondas.

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  • Futbolistas pidiendo dinero.

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    Hay pocas cosas que me irriten más que ver a multimillonarios futbolistas pidiéndome que done mi dinero a una causa humanitaria. Vale, tenemos que ayudar a los niños africanos, a las victimas de catástrofes naturales y a los dolientes afectados por tremenda enfermedad; pero ¡qué lo hagan ellos primero, demonios!. Seguro que si juntamos las primas percibidas por los jugadores que van a intervenir en un partido benéfico, en cualquiera de los torneos en que participan, suman más dinero que el que se pueda recaudar con la entrada del partido en cuestión.

    ¡Cómo me irrita que tal entrenador o cual delantero me pida dinero a mí que estoy en el paro, poniendo carita de pena en un anuncio. ¡Váyase a hacer puñetas! Aguante sin cambiarse el Ferrari un año más y dedique ese dinero a paliar las necesidades del tercer mundo. Destine una pequeña parte de los ingentes ingresos que obtiene anunciando colonia, a los niños pobres. Exija a esas compañías que se forran vendiendo ropa con su nombre a que donen un pequeño porcentaje a la caridad o sino, no dejará que usen su apellido para vender camisetas. En definitiva, dé usted el dinero, amigo futbolista o exija a quién lo tiene que lo done, pero a mí déjeme en paz, que ya bastante tengo con lo mío.

  • ¡Dónde no hay, no hay!

    He hecho muchos test psicotécnicos en mi vida y todos ha dado resultados parecidos: puntuaciones de vértigo en conocimientos aplicados y expresión oral pero en inteligencia, aprobado raspado, lo cual se ajusta completamente a la realidad como demuestra lo que me ha pasado esta semana.

    Resulta que esta mañana he visto todas esas noticias sobre el descubrimiento de una nueva partícula subatómica que podría ser la antesala del descubrimiento del bosón de Higgs y he llamado a capítulo a todas mis neuronas para que prestaran atención a la lectura. He obtenido una respuesta bastante satisfactoria de todas incluso de aquellas que están ocupadas en temas sexuales, tan reticentes ellas a mover sus dendritas en otros menesteres. Con todo mi cerebro concentrado he hincado los codos y he llegado a medio entender de que va todo esto del campo de Higgs e incluso me he atrevido a especular sobre si no será una nueva versión de la teoría del éter esperando a un Michelson y a un Morley que se la carguen.

    Sin embargo, el lunes me pasó algo parecido y mis neuronas naufragaron. No conseguí y sigo sin conseguir comprender que diablos es un “Penalty a lo Panenka”. Ni siquiera movilizando a las neuronas que dicen hay en las glándulas suprarrenales, pude ni aproximarme al entendimiento de este portento que tan claro parece tener todo el mundo. ¡Qué no! ¡Qué no hay manera! No me entra. No soy capaz de distinguir un penalty Panenkil de otro que no lo sea, y menos evaluar su dificultad. No es de extrañar, pues,  la superlativa admiración que sentí el domingo hacia los parroquianos del bar de la esquina cuando gritaron: ¡a lo Panenka! después de que Sergio Ramos tiró el penalty. No creo que pueda sentir lo mismo aunque el bueno de  Peter Higgs aparezca en mi casa con una caja de bosones envueltos a lo Ferrero Roché.

    ¡En fin!, los test psicotécnicos no fallan y dónde no hay, no hay.

    Penalty de Antoni Panenka