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  • Publicidad absurda (7)

    Fíate de mi palabra.

    Yo tengo unos niveles de colesterol que ni de los de un adolescente vegetariano, pero si alguna vez tengo que preocuparme por ellos lo primero que haré será consultar con un médico. De igual forma que si alguna vez enfermo mentalmente y decido escribir sobre futbol no dudaré en considerar buscar algún libro o web con consejos de Vicente del Bosque porque debe de saber mucho sobre el tema. Lo que no es Vicente del Bosque es médico internista, ni cardiólogo ni siquiera es veterinario, por lo que sus opiniones sobre colesterolemia son absolutamente irrelevantes. Por mucho que nos dé su palabra de honor y diga que el «Danacol» reduce los niveles de colesterol, yo prefiero, llámenme extravagante si quieren, pedir hora a mi médico de cabecera.

    Menuda jeta.

    Las esforzadas y voluntariosas operarias de la línea de montaje de Balay han tenido la idea de usar las piezas desestimadas en la fabricación de lavadoras, para confeccionar pulseras cuya estética está asesorada por una amiga diseñadora de alguien, que por lo visto trabaja gratis. Luego venden estas pulseras y con lo que recaudan ayudan a un comedor social. ¡Qué bonito!

    Lo bueno viene luego. El encargado, se sabe que lo es por su chaqueta negra, aparece al final del anuncio y dice que Balay, está comprometida con la sociedad. ¡Menuda cara! Son las trabajadoras las que después de su jornada de 8 horas extenuantes se dedican a confeccionar y vender las pulseras y luego la compañía se atribuye el mérito. ¡Nos han jodido! Puede que la empresa entienda que por ceder virutas metálicas y piezas mal mecanizadas ya tienen derecho a presumir de conciencia social e imprimir su marca en los envoltorios de las pulseras, pero a mí me parece que es tener una jeta que se la pisan.

    A la porra el sistema métrico.

    Voy a ver si soy capaz de explicar el siguiente anuncio. La compañía fabricante de los cepillos eléctricos dentales Oral B, dispone de un avanzado dispositivo que mide movimientos de pelos de los mismos, llamémosle «pelillómetro». Toma un cepillo manual y realiza la medida, la lectura en el cuadrante digital del pelillómetro marca «600», ¿600 qué?, no sé sabe, pero al parecer son movimientos. No quiero resultar pedante, pero el movimiento no se mide, se miden su velocidad, su aceleración, el tiempo y el espacio recorrido pero medir movimientos como unidad, eso no lo tengo tan claro. Continúo. Luego cogen el cepillo eléctrico Oral B y lo someten al pelillómetro y en el cuadrante digital marca lo siguiente:

    48,000

    La protagonista del anuncio, que es a la sazón una presentadora de informativos, exclama alborozada: «cuarenta y ocho mil» y colige que usar el cepillo eléctrico Oral B es, cómo no, mejor que usar uno manual. Pues no, porque según el resultado del «pelillómetro» la lectura es de 48 (cuarenta y ocho) movimientos, por lo que gana el cepillo manual. La presentadora se olvida que en España y en todos los países que usan el Sistema Métrico Decimal «cuarenta y ocho mil» se escribe así:

    48.000

    Escribir 48,000 para decir cuarenta y ocho mil sólo es correcto en los Estados Unidos y por lo general en algunas ex colonias británicas donde no está implantado el Sistema Métrico. ¿Estamos en algunos de estos lugares? ¿No verdad? ¡Pues a ver si escribimos bien, so cursis!