Autor: David Torres

  • Coaching personal.

    Sáruman y un orco

    Isengard. Interior Tarde.

    – ¡Qué pase el siguiente! – Ordena Sáruman sentado en una gran silla frente a un escritorio de piedra donde hay pergamino, tinta y pluma. A un lado el Palantir está en “Stand By”

    – Grr. Buenas tardes. Señor. Grr.- Un orco entra en la sala con gesto tímido.

    – ¡Ah Urg! ¿Qué tal? Siéntate.

    – Tirando Sr. Sáruman.Grr.- El orco toma asiento agradeciendo el ofrecimiento con la cabeza.

    – ¿Estás más animado? La otra vez te vi algo pocho.

    – La verdad es que no. Grr.- El orco juguetea con un fleco que cuelga de sus harapos.

    – ¡Vaaaya! ¡Ay! estos jóvenes. ¿Estás tomando las hierbas que te di?.- Sáruman toma la pluma y escribe algo en un trozo de pergamino.

    – Sí. Grr. Después de cada comida. Grr. Pero no sé si me están haciendo todo el efecto esperado. Grr.

    – Hay que tener paciencia con las pócimas. Lleva tiempo notar una autentica mejoría.- Dice Sáruman sin mirar al orco.

    – Ya pero…

    – No seas impaciente… ¡Vamos dime! ¿Cómo te sientes? Cuéntame.

    – Pues estoy desanimado, triste. Siempre estoy cansado. Mi trabajo ya no me estimula.Grr.

    – ¿No te llena ya tu trabajo?¿Pero si te encantaba?

    – Grr. Antes sí. Pero ahora la cosa entre compañeros está cada vez peor. Nos estamos apuñalando por la espalda continuamente. Ya no hay la camaradería que existía antiguamente.Grr. Además ya llevo demasiado tiempo de orco raso. La mayoría de mis amigos ya son Uruk-hai y yo, ya ve, de orco pelado. Grr. Me siento estancado.

    – Sáruman se atusa la melena y acaba de escribir en el trozo de pergamino.- ¡Ay, ay! ¿Estancado? Todos tenéis una misión. A vuestra manera todos importáis, todos contribuís. ¿No eres un Uruk-hai todavía? Ya llegará y hasta que llegue el momento intenta dar lo mejor de ti.- Exclama Sáruman dando puñetazo al aire.

    – Y luego está la falta de empatía. Grr. Es qué es salir y todos me quieren matar. – Dice el orco pasándose el dedo por el gaznate.- Qué si los elfos, qué si los hombres… ¡Hasta los ents nos agreden! ¡Es desmotivador!

    – Verás Urg, Tienes que tener una actitud positiva. La vida te devuelve lo que le das. Si das agresividad la vida te dará agresividad. Tienes que mostrar tu lado más… ¿cómo decirlo? más humano entre comillas.- Comenta Sáruman haciendo el símbolo de comillas con sus largas uñas.- Hay un Karma en todo esto, recuérdalo: Buenas acciones generan buenas acciones.

    – Grr. Pero.- Musita el orco negando con la cabeza.- Es muy difícil tener buen Karma si te dedicas a conquistar la Tierra Media.- No quiero que me malinterprete pero con nuestra profesión es difícil tener amigos… además…

    – ¿Además?- Inquiere severo Sáruman, al que no le gusta ver desmotivados a sus huestes.

    – ¡Ya sabe!… el otro tema.- Musita el orco con gesto de vergüenza.

    – ¿Qué otro tema? No seas tímido. Yo no me como a nadie, no soy un trol de las cavernas.- Comenta Sáruman riendo paternalmente.

    – Pues, ya sabe, mi vida sexual. Creo que no gusto a las mujeres ni a las elfas. Esto de que no haya “orcas” es muy difícil de llevar. Estoy acomplejado. Además ya sabe lo que dicen los hombres…¡Eres un orco! para decir que alguien es feo.Grr.

    – Sáruman emite una sonora carcajada. El candor del orco le divierte.- ¡Tonterías! Eres un orco fuerte y moderadamente deforme. Creo que te infravaloras.

    – Sí usted lo dice.- Responde el orco con incredulidad.- Pero con esta cara, esta horrible dentadura y estas garras no me siento atractivo. Además, Lengua de Serpiente, me dijo el otro día, que me olía muy mal el aliento. Grr.

    – No hagas caso de lo que diga la gente.- Sáruman se yergue en su gran silla y adopta una actitud solemne.- La opinión de la gente no nos debe de condicionar. Tienes que valorarte más, busca tus puntos fuertes. Todos tenemos defectos. Todos cometemos errores. Pero no podemos pedir que se nos juzgue positivamente si nosotros mismos no lo hacemos. ¿Entiendes?

    -. Sí, claro.- Responde el orco sin demasiada convicción.

    – Tienes que quererte a ti mismo si quieres que a los demás te quieran. No puedes pedir que los demás reciban de ti una imagen distinta de la que tienes de ti mismo.

    – Pero es difícil quererse un mismo si eres un orco. ¡Míreme! Estoy calvo, tengo chepa y soy patizambo… no sé. Me cuesta mucho. Grr.

    – ¡Claro! es difícil, ya lo sé, pero para eso estamos aquí.- Dice Sáruman con tono enérgico.- Para lograr que seas el mejor orco que puedas ser. Además ya sabes que te conozco desde hace mucho y sé que tienes buenas cualidades. ¡Qué sé que el mes pasado superaste tu cupo de enanos muertos!

    – Bueno, es verdad. Pero algunos eran hobbits y son más fáciles.- Musita el orco con modestia. Sus huesudos pómulos se “ruborizan” de un verde oscuro.

    – ¡Lo ves! Ya te estás minusvalorando y no debes hacerlo. Insisto, debes buscar tus puntos fuertes. Mira quiero que hagas una lista con tus logros para la próxima consulta. ¿Hay alguien de tu manada que sepa escribir?

    -Sí, alguno hay.

    – Pues pídele que te ayude. También sería interesante que hicieras una especie de, cómo decirlo: jeroglífico, donde se refleje tu estado de ánimo según las actividades que desarrolles. Por ejemplo. ¿La semana pasada hiciste algo que te gustó?

    – El orco intenta recordar mientras mientras enreda el fleco de harapo en una de sus garras.- La verdad es que me sentí muy bien cuando quemamos aquella aldea cerca de Rohan. Nos arriesgamos mucho. ¡Fue un subidón!

    – ¿Y algo que te puso triste?

    – Grr. Pues… ya se lo he dicho, la falta de compañerismo. El otro día tuvimos bronca para ver quien le llevaba un informe a Sauron. Cada uno sólo piensa en sí mismo y en medrar”

    – Pues le pides a tu amigo que anote: “Quema de aldea. Me siento bien. Bronca. Me siento mal y lo valoras del 0 al 10”, y así día tras día. El jeroglífico nos dará la evolución de tu ánimo y podremos conocer que te motiva y que te angustia, y así saber hacia donde orientar el cambio que estás deseando para tu vida.

    – Vale.- Comenta el orco sin demasiado entusiasmo.

    – Así que ya sabes. Valórate y hazte valer. Busca tus puntos fuertes haz cosas que te estimulen sal de la rutina. Te recomiendo que tomes un baño, que des lustre a tu espada. Cambia de hábitos. Come fruta. ¿Has pensado en usar una maza en vez de espada? Aprender cosas nuevas nos ayuda a mantenernos positivos.

    – Lo intentaré…Grr.

    – No.- Interrumpe severo Sáruman.- No digas lo intentaré.

    – ¡Lo haré!

    – ¡Así me gusta! Positividad. ¡Venga! nos vemos en quince jornadas.

    – No podré. Tengo incursión en Gondor.

    – Bueno, pues dentro de una luna. ¿Te va bien?

    – Si sobrevivo sí.Grr.

    – ¡Ya estamos con la negatividad!

    – Lo siento.

    – ¡Ay, ay! ¡Venga, Urg!, nos vemos en una luna.- El orco se levanta y Sáruman le despide con gesto de bendición.- Y no olvides tomarte la pócima.¡Ten, la receta! Sáruman le da el pergamino en el que escribió al principio de la consulta.

    – No la olvidaré. Gracias Sr. Sáruman.Grr.

    El orco se marcha intentando no arrugar la receta. No cree que toda esta palabrería pseudopsicológica sirva de mucho a un orco – Aunque el Balrog se vista de seda…- piensa. Pero al menos tiene su pócima que es al fin, y al cabo, lo que quería.

  • Linkedin y las prostitutas de antaño.

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    Hace tiempo caminando por Barcelona sin rumbo, con algo más de dos euros en el bolsillo, me ha sucedido algo que no me pasaba desde jovencito: Una prostituta ya mayor,  ha intentado llamar mi atención en una de las bocacalles de la “Ronda de Sant Pere”.  La he mirado con cara de nada y la he soslayado sin problemas. Tengo mucha experiencia en eso, pues como he dicho, de jovencito también vagaba sin dinero y no sé por qué ejercía una extraña atracción hacia lo más flipado de los evangelistas callejeros y, con todo respeto, lo más tirado de las prostitutas. Los primeros no me preocupaban. Pero las segundas eran para mi un autentico quebradero de cabeza.

    Bastaba con asomar las narices por “Tallers” o por “Drassanes” y aparecían prostitutas de saldo por doquier, pretendiendo llamar mi atención de adolescente y lo curioso es que sólo lo intentaban conmigo, dejando pasar a otros tipos solitarios que pasaban por allí también.  ¿Qué veían en mí aquellas pobres mujeres devastadas por la edad y la dureza de su oficio? ¿Le ha pasado esto a todos los hombres alguna vez o sólo a aquellos, que  llevábamos la desesperanza en la mirada y parecíamos presa fácil para rameras en declive?

    De todas formas por mucha pinta de desesperado que tuviera yo, y reconozco que las gárgolas de la catedral tenían una vida sexual más plena que la mía; ¡Demonios! esas mujeres se ganaban la vida como putas desde hacía años y ¿no eran capaces darse cuenta de que yo no tenía dinero ni para café? ¿Acaso pensaban que mi tez paliducha y mi ropa de los “Encants Vells” eran propios de alguien que podía costearse un revolcón? ¿O tal vez la vida les era tan perra que buscaban 100 pesetas de aquí y 50 de allá?

    Sé que eran otros tiempos y que yo era muy joven, pero la sensación de desconcierto la sigo teniendo hoy en día y no, no es por la meretriz casi anciana que me tiró los tejos; ahora en mi madurez y por muy veterana que seas como profesional del amor, no puedes deducir que un tipo maduro como yo que lleva un iPod y unos pantalones de Adolfo Domínguez, es en realidad un parado con algo más de dos euros en el bolsillo. No, la sensación me la produce mi red social favorita: LinkedIn.

    Porque, vamos a ver: Al igual que las prostitutas antaño, ¿Qué ven en mí los que contactan conmigo? ¿En que parte de mi perfil se da la idea de que yo soy un buen contacto para hacer negocios? ¿Qué estoy haciendo tan mal que no soy capaz de dejar bien claro que busco trabajo? ¿Los miembros de esta red social contactan a lo loco sin leer los perfiles y sin ver las insignias que delatan mi condición de desempleado en búsqueda activa de empleo? ¡Coño que tengo una cuenta premium “Job Seeker” de buscador de empleo! ¡Qué vale 21 «lauros» mensuales!

    Aunque ya no lo digo, por motivos digamos, de no dar una imagen de desesperación, me pasaba lo mismo cuando bajo mi nombre ponía:

    ¡EN BUSQUEDA ACTIVA DE EMPLEO!

    Tengo miríadas de contactos numerosos mensajes y banderitas pero todas, todas son de emprendedores entusiastas, directores de mucho abolengo y tipos coleccionistas de masters que solicitan que me una a su red o a grupos donde se me proponen debates sobre los que no tengo ni pajolera idea.

    ¿Es quizás por mi experiencia en la construcción por la que recibo ofertas comerciales  de Muebles La Riojana, Reformas Menéndez o carpintería de aluminio Géminis? ¿En que parte de mi currículo dice que pueda interesarme las alternativas al alcanfor o la dificultad de exportar gominolas a la Polinesia Francesa?

    Si LinkedIn fuera la vida real yo me vería paseando por la zona alta de la Diagonal o por el 22@ de Barcelona y numerosos tipos trajeados se acercarían a mí y me susurrarían:

    – ¿Quieres unirte a mi red profesional, guapentón?

    Señores contactos de LinkedIn les quiero, son mi orgullo, tengo a puñados pero los amo a todos por igual. Mi red me pone en contacto con millones de profesionales a los que también quiero con todo el alma. Pero,  ¡No tengo una empresa, ni soy un inversor ni tengo contacto con inversores y sobre todo no compro material de construcción ni ninguna otra cosa!

    Sólo soy un tipo que busca trabajo,  ahí tienen mi currículo, lo que ven es lo que hay. Bueno eso sí, tengo una extraña facilidad para atraer a prostitutas de saldo y a evangelistas flipados. ¡ Nada más!

  • Temo a los griegos incluso cuando hacen regalos (3)

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    Tarde de abril. Estoy mirando vídeos  y merendando zanahorias, ¡hay que cuidarse! Suena el teléfono. Descuelgo y contesto. Desde que me puse el puente de circonio mis muelas no casan demasiado bien y hay cosas que tengo que masticar con más empeño. Las zanahorias son una de ellas. ¿Por qué me llamarán cuando tengo la boca llena de merienda?

    – Diga. – Algunos fragmentos de zanahoria escapan de mi boca.

    – ¿Es usted David Torres? – Pregunta una mujer con una voz joven y hermosa.

    – Yo mismo. – Recuerdo que no debo decir sí cuando recibo llamadas comerciales. Más fragmentos de zanahoria vuelan por ahí.

    – Verá le llamo de Orange para agradecerle su fidelidad a la compañía y por ser tan buen cliente queremos premiarle.

    – ¡Ya estamos!, pienso para mis adentros mientras trago gran parte de la zanahoria que queda en mi boca.

    – ¿Dígame? – Ya sé la respuesta pero dejo que hable, y es que desde que tomo el Valproato sódico, estoy de un amable…

    – Verá David. – ¡Qué manía de tutearme! Pienso mientras doy un nuevo bocado a la hortaliza.- Le ofrecemos un descuento del…- No presto atención a la cantidad porque mi cerebro está ocupado en lamentar el haber mordido de nuevo la zanahoria.- Lo único que le pedimos es que permanezca con nosotros un año.

    – Esto ya lo he vivido. Permanezco en silencio. La zanahoria triturándose resuena. Trago y contesto:

    Verá. Le agradezco su ofrecimiento y me siento halagado de que me consideren un cliente de rechupete. – La operadora lanza una risita.- Pero no puedo aceptar el regalo. –  Sé que es inútil intentar que la conversación acabe en ese momento, pero yo lo intento pues desde que tomo el Valproato sódico, estoy de un amable…

    – ¿Puede decirme por qué no puede aceptar el regalo?

    – Intento tragar toda la zanahoria antes de contestar pero un fragmento se me va por el otro lado y me hace toser. Zanahoria por todo el escritorio. Trato rápidamente de limpiar la mesa y deshacerme de los restos de apiácea de mi boca. Cuando considero aceptable el resultado inicio mi argumentación:

    Es que estoy en el paro. Y no quiero adquirir nada que me suponga la atadura de un contrato de permanencia.

    – Pero David así pagará menos, casi 7 euros menos al mes y precisamente por estar buscando trabajo es imprescindible tener conexión a Internet a buen precio. Además un año pasa volando. (sic)

    – Ya sé que un año pasa volando pero es un año vertiginoso, lleno de incertidumbre y altibajos. ¡La cosa está muy mal! – Me ha dicho que un año pasa volando. ¡Lo que me faltaba! ahondar en mi crisis de los cuarenta. ¡Tócate las narices!. Hace tiempo hubiese estallado pero desde que tomo el Valproato sódico, estoy de un amable…- Lo siento pero no puedo aceptar su ofrecimiento. Si lo que quieren es premiarme, pongan mi foto como cliente del mes en su sede.

    – Es una pena, David, que no quiera aprovechar este descuento.

    – Lo sé, le respondo plañidero, pero… más penoso es no tener trabajo.- Pongo la más lastimosa de mis voces. Los restos de zanahoria de mi boca contribuyen a dar pena, dificultando mi pronunciación.

    – Sí claro, la situación económica es difícil, pero…

    – Soy un parado de 44 años.- Sollozo.- Nadie me da trabajo. ¿Qué futuro me espera? ¿Y a mi ancianos padres, que dependen de mí?.- Lloriqueo mientras miento.- Sí hoy puedo pagar mi conexión a internet, pero, ¿y mañana? No, no puedo arriesgarme a una penalización. Seguiré pagándoles, no teman, necesito mi ADSL y no puedo cambiar de compañía, porque conlleva también un contrato de permanencia.- Snif.- Sorbo por la nariz a modo de llanto contenido.

    – Vaya David no sabía que su situación era tan desesperada.

    – No se lo imagina. Además que lástima sentiría si tuviera que dejar de pagar sus servicios. Son ustedes tan… tan eficientes, tan amables. Pero no puedo arriesgarme a una penalización por incumplir con mi contrato de permanencia. Ya tengo bastante con la permanencia de mi teléfono móvil. ¡En qué hora lo suscribí! Menos mal que ya queda poco.

    – ¿Con quién tiene usted el móvil David?

    – Con Vodafone. Snif.

    – Verá, le podemos ofrecer un…- ¡Es inaudito! Le estoy diciendo que no quiero contrato de permanencia y quiere ofrecerme una tarifa con teléfono móvil que me haría incumplir el que tengo con Vodafone. Le interrumpo con dulzura ya desde que tomo el Valproato sódico, estoy de un amable…- No puedo, aceptar ninguna tarifa de ustedes pues me penalizarían en Vodafone.

    – Pero usted ha dicho que le queda poco.

    – Me doy cuenta de que he metido la pata y corrijo- Me quedan 10 meses. Snif. Cuando estás en el paro pierdes la noción del tiempo. ¡Qué más quisiera yo que tener el móvil con ustedes, tan eficientes y tan amables y no con Vodafone que son la mar de antipáticos, pero no puedo. ¡Maldita permanencia!.

    – Bueno David, que se le va a hacer. En otra ocasión.- La chica parece algo conmovida por mi sollozante perorata. Le deseo mucha suerte y recuerde que nuestro número de atención al cliente es el 900… ¡Qué pase una buena tarde!

    – Adiós, adiós, snif.

    Tras comprobar que no queda zanahoria reflexiono un momento y asumo que dentro de unos días recibiré un e-mail donde se me felicitará por la adquisición de un pack descuento por ser un cliente tan chupi y que tendré una nueva batalla telefónica para que me lo anulen. Pero no me preocupo. Ahora mi prioridad es comer más zanahoria. Y es que desde que tomo el Valproato sódico, estoy de un amable…

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  • La mujer del carrito eléctrico.

    Avenida-Meridiana-Barcelona

    Cada día me cruzo con ella. Cada día me cruzo con la mujer del carrito eléctrico. No sé cómo se llama y nunca he conversado con ella… perdón, no es cierto; una vez hace algunos años, cuando todavía me sentía afortunado, le compré lotería para aprovechar que me sentía afortunado. La mujer del carrito eléctrico vende lotería y yo una vez le compré.

    La mujer del carrito eléctrico es bastante mayor y no puede moverse apenas. Sólo mueve la cabeza y algo los brazos y sus manos sólo lo justo para actuar sobre la palanca con la que guía su carrito eléctrico. Cuando le compré la lotería tuve que ser yo el que cortara el boleto y el que tomara el cambio de los cinco euros que le di. Ella musitó una disculpa por tener que hacer yo todo el trabajo y acto seguido me deseó suerte para que me tocara la lotería.

    ¡Se disculpó por ser discapacitada y me deseó suerte a mí! A mí que no tengo que ir Meridiana arriba y Meridiana abajo embutido en un carrito eléctrico, cubierto de ropa hasta la nariz para no helarme en invierno y con un cajón de madera acoplado sobre mis rodillas a modo de expositor de boletos. ¿Quién da la suerte señora del carrito eléctrico? ¿La fortuna? ¿Dios? ¿Dios puede querer que a mí me toque la lotería y que usted viva paralizada desde el cuello, recorriendo la avenida de La Meridana, año tras año en un carrito eléctrico?

    Hace algún tiempo vi a un tipo en un patinete motorizado esperar junto a la mujer del carrito eléctrico a que cambiara el semáforo.  Pensé en lo que yo pensaría desde mi silla de ruedas si estuviera en el lugar de la mujer del carrito eléctrico.

    • Tú que puedes no quieres caminar.

    Y sentí un profundo desprecio por el tipo del patinete motorizado que altivo y oculto tras unas carísimas gafas de sol seguramente ni vio a la mujer del carrito eléctrico. Los que padecemos alguna tara física solemos ser más sensibles a las desgracias ajenas, aunque no demasiado, no vayamos a creer.

    Hoy he sido yo el que ha compartido espera de semáforo con la mujer del carrito eléctrico y hoy nuevamente he pensado en que pensaría de mi mismo ella si supiera como me siento de mal estos días.

    • No te da vergüenza estar triste y cabizbajo. Tú que tienes piernas, brazos y manos funcionales. Tú que has corregido tu mala vista y aplacado tu asma. Tú que puedes ir adonde quieras sin cargar con un cajón de madera lleno de boletos de lotería. Tú que todavía eres joven y que tu tiempo no se acaba como el mío. Un tiempo que lo acabaré como lo he vivido, incrustada en este carrito eléctrico.

    Y he sentido un profundo desprecio hacia mi mismo y avergonzado he pospuesto mi paseo y he regresado a casa, a vivir mi depresión clandestinamente pues por mucho que confirmen los médicos que estoy mal, pensaré que lo estoy en realidad porque soy un cobarde y que por eso me muevo entre la tristeza la confusión y la culpa.

    La que no puede moverse sin su carrito eléctrico es la mujer que va Meridiana arriba y Meridiana abajo, a la que compré lotería una vez y que me deseó suerte y que me pidió disculpas por tener que hacer yo todo el trabajo.

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    – Depresión autoayuda.

    – Gilipollas y «pringaos» históricos.

    – Muerte de un teléfono.

    – Recuerdos obligatorios.

    – Barcelona antidepresiva.

     

  • Django desencadenado y anacrónico.

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    La última película de Tarantino contiene uno de los anacronismos más increíbles de la historia del cine o al menos eso creo. Como no quiero  contarle el final a nadie me limitaré a decir que la dinamita tiene un papel fundamental en la historia. Pero vayamos por partes.

    La película está ambientada algunos años antes de la guerra civil norteamericana, que como sabemos, tuvo entre otras causas, la oposición de los estados del sur a abolir la esclavitud. Creo que en la película se sitúa la acción dos años antes de dicha guerra, aunque eso es lo de menos. La guerra civil norteamericana llamada también de secesión se libró entre los años 1861 y 1865 y aquí viene lo curioso. Alfred Nobel no patentó la dinamita hasta 1867, por lo que el valiente Django no pudo usarla en la forma en que lo hace en la película, de hecho, ni siquiera podía saber qué era ya que no existía.

    Por tanto creo que esta película contiene uno de los gazapos más gordos de la historia del cine dado que la dinamita es importante en el desenlace de la misma. Sin embargo, no creo que este pequeño error histórico, le reste encanto a esta filmación y sigo recomendándola como una de las mejores de Tarantino.

    Seguramente ya se habrán dado cuenta de esto muchos aficionados al cine pero me gusta darme cuenta de estas cosas por mí mismo y constatar que mi cerebro no está totalmente echado a perder.

    Actualización.

    Hay varios gazapos más pero destaca la exhibición en el domicilio de Monsieur Candy de una reproducción del busto de Nefertiti, algo imposible ya que éste fue descubierto en 1912 por el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt.

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  • Tontos y “pringaos” históricos.

    Cuando era más joven busqué consuelo a mis muchas taras físicas en las biografías de personajes históricos que padecieron dolencias como las mías. Por ejemplo, Johann Sebastian Bach tuvo cataratas y tras una desastrosa operación, quedó ciego al final de su vida. En cuanto al asma, siempre tuve en cuenta la figura de Ernesto Guevara “El Che”, que al parecer padecía un asma crónico muy similar al mío (*).

    Igualmente en el entorno laboral no han faltado las ocasiones en las que me he sentido un tonto y un “pringao”.  Así que también busqué ejemplos de personajes históricos que fueran más pringados y tontos que yo.  Sin duda hay muchos pero para mí los tres siguientes son los campeones de la tontería y el pringue. He aquí como queda el podium.

    Medalla de bronce para: Rudolf Hess.

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    Rudolph Hess

    Este sujeto fue el lugarteniente de Hitler y segundo en la jerarquía del partido nazi. Tuvo la brillante idea de irse a negociar por su cuenta y riesgo la paz con Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial y voló hacia Escocia donde se arrojó en paracaídas. Luego, fue detenido y pasó el resto de su vida en la cárcel, siendo durante años el único interno de la famosa prisión de Spandau. Tanto si Hitler lo envió a negociar como si se trató de una iniciativa propia, el desprecio que recibió del gobierno británico y el abandono del gobierno alemán lo convierte en uno de los grandes «pringaos» de la historia, aunque eso sí, se libró de la horca cuando fue juzgado en Nuremberg pese a su alto rango en el partido nazi  ya que cuando ocurrió el holocausto tenía la mejor coartada posible por estar en prisión.

    La medalla de plata ex aequo para : Lee Harvey Oswald y Jack Ruby.

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    Lee Harvey Oswald

    De Oswald poco más se puede decir que no se haya dicho. Cargó con el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y tanto si actuó por su cuenta como si era sólo un peón de una gran conspiración para matar al presidente, se comió casi todo el marrón y además fue abatido a tiros por el otro «pringao» sumo, Jack Ruby el cual se trago el resto del marrón y murió encarcelado.

    Jack Ruby
    Jack Ruby

    Y por último medalla de oro para : Gavrilo Princip.

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    Gavrilo Princip

    Este títere de 20 años asesinó al archiduque de Austria-Hungría Francisco Fernando y su esposa el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, Pertenecía a una organización clandestina serbia llamada “La Mano Negra” que aquel día decidió llevar a cabo el magnicidio . Un primer intento con bomba contra el coche que llevaba a sus altezas imperiales falló y los sicarios de esta organización se dispersaron entre ellos el bueno de Gavrilo. Pero este tuvo la chiripa de que el conductor del automóvil se equivocara de calle (o esa es la versión oficial) y pasara justo por donde el estaba,  pudiendo así ejecutar sin problemas un crimen que aprovecharon las potencias internacionales, que se tenían muchas ganas, para iniciar la mayor carnicería jamás vista hasta la fecha y que se llamó la Primera Guerra Mundial.

    Este pobre hombre creyó hasta su muerte que había hecho algo grande por su pueblo. Murió de desnutrición y tuberculosis en 1918 en la cárcel. La magnitud de la guerra que sirvió para declarar y la posterior épica y brutalidad de la Segunda Guerra Mundial relegaron la figura de Princip prácticamente al olvido. ¡Pringao!

    Conclusión. Siempre reconforta saber que no lo has hecho peor que otros y si esos otros son personajes históricos pues miel sobre hojuelas. Al menos mi tontería y mi pringue no serán famosos en el mundo entero ni recordados por la historia… bueno, toquemos madera.

    (*) En principio mi asmático favorito era Antonio Vivaldi pero leí en una biografía suya, que fingía estar más grave de lo que estaba pues así quedaba exento de dar misa. Recordemos que el gran músico veneciano era cura además.

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  • Margaret Thatcher me dio una lección

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    Esta no es una entrada para hablar de la recién fallecida Margaret Thatcher, por lo menos no del todo. Pero el óbito de esta señora me ha recordado uno de los momentos y a uno de los personajes más importantes de mi infancia y de mi vida.

    Yo era un alumno de EGB en 1982 el año de la guerra de las Malvinas. tenía a la sazón 13 años y por lo tanto todavía era influenciable por hombres y mujeres mayores que yo y nadie me influyó tanto en aquella época como mi profesor de historia en la Escola Lliceu Ramon Llull, Don Emilio Ramos.

    Don Emilio Ramos era un personaje singular. Iba siempre impecablemente vestido y perfumado con una característica fragancia que pocas veces he olido en otros hombres. No era muy alto, creo que menos que yo aunque no lo parecía dado que siempre llevaba zapatos con tacones altos.Pero su principal característica física además de su poblada barba canosa, su prominente barriga y su estridente voz, eran sus larguísimas uñas de los meñiques, que no dudaba en usar para hurgarse las orejas en no pocas ocasiones.

    Pero el Sr. Ramos como le llamábamos todos, no era conocido por su singular físico sino por su severidad y sus tremendas broncas con las que acotaba cualquier insubordinación por parte del alumnado. El Sr. Ramos era temido por su dureza pero también por la autoridad que le daba el ser el director del colegio, director docente quiero decir pues por encima suyo estaba la familia de propietarios del colegio y que ocupaban cargos administrativos.

    En esa época un profesor podía ser temido porque en esa época un profesor podía gritarte e incluso zarandearte o darte un pescozón sin que se hundiera el mundo y sin que acabaras traumatizado como un soldado de la primera guerra mundial.  Un profesor podía ser temido pero también respetado y nadie era más temido y respetado que el Sr. Ramos. De él se decía que era cinturón negro de judo, que había vencido en combate a un alumno que le saco una navaja y que fue capaz de alcanzar a la carrera a un ladrón que entró en el centro.

    Se le temía tanto que nos poníamos en pie cuando entraba en clase y sólo nos sentábamos cuando el lo ordenaba. Cualquiera puede pensar que este tipo sólo era  un arrogante mequetrefe, pero no era así. Hablaba tres o cuatro idiomas, había estado en todas las partes del mundo, excepto en América, de lo que se jactaba y había sido corrector y reportero de la revista Historia y Vida; trabajo que le permitió conocer a Picasso por ejemplo. Explicaba que Estambul era, según él, la ciudad más bella del mundo y que consideraba a Italia su segunda patria. Para el Sr. Ramos Napoleón era un bicho, el deporte dejaba de ser deporte cuando se convertía en espectáculo y que el tren y no el avión sería el transporte del futuro.  El Sr. Ramos no era sólo broncas y collejas, era historias épicas llenas de datos interesantes lo que provocaba el bostezo de los más tontos de la clase y la admiración de los mas aplicados. Y entre todos ellos, nadie le admiraba más que yo.  Hoy todavía sigo pensando como él en muchos aspectos de la vida y todo este blog está impregnado de la aplastante influencia que ejerció sobre mí, a pesar de que ni yo mismo me escapé de sus broncas y de su mala leche. Mi hermano dice que incluso ahora que tengo la misma edad que debía tener él en aquellos años, me parezco físicamente y todo, salvo por lo de las uñas, que siempre me pareció repugnante.

    • Bueno David ¿y qué tienen que ver todo esto con la guerra de las Malvinas y con Margaret Thatcher? ¡Es que te enrollas como una persiana!

    Pues verás autoestima mía, en 1982, cuando estalló la guerra de las Malvinas, en Barcelona hubo un apoyo a la República Argentina que rozó el fanatismo racial. La gente no hablaba de otra cosa y estaban seguros que la Argentina, que era vista como una gran potencia, iba a dar para el pelo a los ingleses. – “Nosotros somos una mierda y no podemos recuperar Gibraltar, pero los Argentinos van a dar por saco a estos asquerosos. ¡Se van a enterar!”.- Ese era el comentario más habitual en colas en panaderías y partidas de dominó. En esa época no había “estelades” en los balcones y no tenías que avergonzarte de ser español, así que el apoyo en la calle fue total y completo a los argentinos. Imbuido de ese ardor guerrero un chaval de 13 años, cómo yo no iba a ser menos y naturalmente me contagié de la fiebre antibritánica.

    Guerra de las Malvinas

    En medio de todo esto, un día, al terminar la clase, algunos alumnos se atrevieron a cortar el paso del  Sr. Ramos y le preguntaron que qué pensaba de la guerra de las Malvinas. Yo que estaba recogiendo para salir al recreo, dejé todo y corrí hacia el grupo de alumnos para escuchar con avidez la opinión de mi admirado profesor. Todos sabíamos por sus clases de historia que los ingleses no le gustaban demasiado por lo que merecía la pena escuchar los demoledores improperios que contra ellos iba a proferir. Pero lo que sucedió fue que Don Emilio Ramos comentó:

    • No tendría inconveniente en ponerme de lado de la Argentina, pero esta guerra es una maniobra cruel de la junta militar para perpetuarse en el poder y sintiéndolo mucho, espero que los ingleses les den su merecido.

    No puedo describir ni la cara de asombro de mis compañeros de clase ni de como se me quedó el cuerpo cuando oí a mi admirado profesor ponerse de parte del Reino Unido. Mi reacción no la olvidaré: salí al patio y me senté donde pude a reflexionar. Siempre había estado de acuerdo con Don Emilio, porque siempre había entendido sus argumentos, pero hoy esos argumentos chocaban con mis sentimientos y con la opinión de la mayoría, de hecho, tal argumentación no la escuché de nadie más hasta que pasó el tiempo y la historia puso a cada cual en su sitio. Era un argumento contrario al sentir popular y casi ofensivo para la época, pero era un argumento demoledor y a pesar de mis 13 años, no podía renunciar a la lógica para abandonarme al patrioterismo y a la visceralidad.

    Tardé pero lo asumí y aquel día de 1982 recibí el mayor legado de mi severo profesor, su mayor lección y su más positiva influencia: hay que pensar, hay que reflexionar y hay que tener criterio propio. La masa es estúpida y manipulable como tan bien sabían los nazis y tan bien supieron aprovechar. No se puede quitar la razón a alguien sólo porque no te guste o porque no opines como él. Margaret Thatcher era para muchos y seguirá siendo una bruja pero en ese momento era una bruja que se enfrentó con determinación contra unos diablos, los diablos de la junta militar argentina a los que venció y de paso, permitió que un escolar asmático aprendiera una lección. Sí la dama de hierro no hubiese defendido las Malvinas, no hubiese oído aquel comentario de mi profesor, así que en justicia le atribuyo parte de dicha lección. Por cierto, para que nadie se llame a engaño, pienso que Margaret Thatcher a sido uno de los personajes más dañinos de la historia de Europa y deseo que Satanás la tenga en su gloria. Pero lo cortés no quita lo valiente.

    Se que esta entrada es un tostón, pero quisiera que sirviera de tributo a Don Emilio Ramos López, la persona no consanguínea de la que más he aprendido y a la que más he admirado.

  • Crea tu propia web.

    Servidores

    (Episodio basado en hechos reales aunque se han modificado los nombres de los protagonistas. Advierto que este artículo contiene lenguaje técnico)

    -Ring. Ring.

    – Diga.

    – El Sr. Torres. David Torres.

    – Sí yo mismo. Dígame.

    – Le llamo del servicio de atención al cliente de “Chupihosting” para ofrecerle nuestro servicio “Instantgüeb” con el que podrá crear su propia web cómoda y fácilmente.

    – La verdad es que yo ya soy cliente de “Chupihosting”. Tengo que renovar mi cuenta pero es que estoy algo justo económicamente.

    – No se preocupe Sr. Torres, el servicio “Instantgüeb” es muy económico. Por tan sólo…

    – No verá. – Le interrumpo. – Es que yo soy un profesional (menuda trola) y yo me hago mis propias webs directamente en HTML ya sabe con el “drimgüiber” y eso… – le comento convencido que este argumento le hará desistir.

    – ¿A sí? Pues precisamente nuestras webs de “Instantgüeb” están hechas en HTML.

    –  ¿Qué me dice? Webs en HTML. ¡Guau!

    – Pues sí. Y además ¡HTML 5!

    – Vuelvo a interrumpir. – Vaya hombre. Pues tengo entendido. que los de “Hostinguay” ya ofrecen HTML 6 y hasta 7”

    – Mmm. Déjeme ver. Nosotros sólo ofrecemos HTML 5. – Me comenta el operador con cierta decepción.- Por eso no se preocupe Sr. Torres, procuraremos adaptarnos a sus necesidades. Pero si le interesa ofrecemos servidores Windows o Linux.

    – Servidores Apache ¿No?

    – El comercial cree que le tomo el pelo. Noto como rebusca en su catálogo mientras piensa en mandarme a la mierda, pero de pronto se da cuenta de que los indios y los servidores de internet tienen algún extraño vínculo. – Sí Sr. Torres, Apache, servidores Apache.

    – ¿Y de otro tipo no tienen? ¿Comanche? ¿Pies negros?

    – El operador balbucea y noto como busca más nombres de tribus nativas norteamericanas en su catálogo. Para no quedar en evidencia por no encontrar más indígenas que ofrecerme cambia bruscamente de tercio. – ¿Le he comentado que el servicio “Instantgüeb” le ofrece 1 Giga de almacenamiento, tráfico ilimitado, 10 cuentas de correo y una base de datos “maiesecuele” y PHP?

    ¿PHP 6? – Pregunto con convicción.

    – ¡Sí, PHP 6!- exclama el vendedor feliz de encontrar el dato. – ¡PHP 6!

    – ¿Un poco ácido no? Mire que con un PHP tan ácido los servidores se oxidan y dan problemas. No sé… ¿No tienen PHP neutro?

    – El operador se rinde ante mis conocimientos de informática rayanos en la erudición. Me comenta que por ahora no ofrecen en su servicio “Instantgüeb” servidores con PHP neutro, pero que si actualizo más adelante a la tarifa Premium podré incluir los servidores con el PHP que yo quiera. Tras preguntarme si quiero resolver alguna duda, se despide de mí, con tono cordial.

    Ahora entiendo a Silvia cuando me decía que las formaciones de teleoperador sólo servían para obtener subvenciones.

  • Malos tiempos para los músicos callejeros.

    Acordeonista

    Me encanta la música. Mi vida está llena de música. Tengo decenas de vinilos y de compactos en casa. Incluso en una época económica mejor que la actual, me permití comprarme un iPod Touch de cuarta generación, artefacto que tengo perfectamente sincronizado con sus listas de reproducción y sus ilustraciones de álbumes; las mismas listas e ilustraciones que figuran en mi teléfono celular inteligente que uso cuando espero llamadas. No toda la música me gusta. Bueno sí, toda, porque el reggetton y el hip hop no lo considero música.

    Mi amor por la música creo que se origina en el hecho de que soy incapaz de tocar la más mínima tonada en ningún tipo de instrumento, es decir, no tengo oído musical. Un buey con cerebro espongiforme y ebrio pisoteando una gaita tendría más posibilidades de tocar un acorde que yo con un sintetizador. Esta incapacidad genética para hacer música es lo que me ha permitido disfrutar tanto de ella. Para mí la música es algo que me gusta y que no intento aprender ni concebir, puro ocio.

    Nací en una época donde la música no era tan abundante y omnipresente como hoy. En la España de los setenta, no había emisoras de FM, ni 40 principales, ni mp3, ni iTunes ni nada de eso. Sí querías música te ibas a Discos Castelló y pasabas la tarde contemplando las hermosas carátulas de los discos de vinilo. Lo más moderno en formato musical era la cassette pero todavía podías encontrar los enormes cartuchos de ocho pistas en los Encants de Barcelona. Quedaban algunos años antes de que Sony inventara el Walkman. La gente no iba por la calle con auriculares y viajar en el metro era monótono y solemne. Se hablaba en voz baja para no destacar y los trenes hacían todo el ruido.

    Eran tiempos propicios para los músicos callejeros. Pero no había tantos como ahora. Los aburridos desplazamientos de la gente de casa al trabajo podían ser amenizados por algún guitarrista, o acordeonista que destrozara la consabida “Amapola” en el límite de hacerla reconocible por la audiencia. En aquella época los músicos callejeros tenían un público y un sentido, pero a pesar de ello yo sentía una pena enorme por ellos. para mí un músico era un señor o señora que tocaba en un teatro, grababa un disco o salía en 300 millones. Ver a gente tocar en la calle me producía una desagradable sensación de fracaso ajeno. Recuerdo que lloré cuando, siendo todavía un niño, vi a un tipo cantando en la calle. Puede que mi actitud ante los músicos callejeros debe de ser algún tipo de trastorno similar a la fobia a los payasos o a la antipatía por los mimos que sufren otros.

    Si la pena que sentía por la gente que toca en la calle o en el metro era mayúscula en esa época ahora en la era de los iPod, mp4 y Spotify, es infinita. La puta crisis está arrojando a muchas personas a tocar en el metro. Hoy por ejemplo, eran varios los que tocaban a la vez en vagones contiguos del tren que me llevaba a casa. Uno cantaba con su amplificador atado a su carrito de la compra poniendo voz de Manzanero y otro tocaba una especie de xilófono o marimba que llevaba colgado del cuello. Y entre ellos numerosos viajeros con auriculares que no les escuchaban; entre ellos, yo, que tengo que bregar entre la pena que me dan y el fastidio de no poder escuchar mi propio iPod.

    Antes de empezar la crisis solía avergonzarme pasar cerca de un músico de los que tocan en el transbordo de la estación de Maragall del suburbano barcelonés; sobre todo cuando sólo era yo el que pasaba. Solía quitarme los auriculares pues, ya que no iba a darle limosna, al menos no quería ofenderlo.  También llegué a bajarme del tren cuando el músico que se ponía a tocar durante el trayecto era especialmente malo o ruidoso y lo hacía para que no se viera mi mueca de desagrado provocada por la vergüenza ajena, que es la sensación humana que menos soporto.

    Pero la crisis y mi vida de estos últimos tiempos son lo suficientemente perras como para insensibilizarme y ahora mis auriculares son el escudo contra la cruda realidad. La realidad de que el músico pedigüeño es una molestia y un incordio. Que está tan acabado y obcecado como las compañías discográficas que en su último estertor intentan seguir vendiéndonos a golpe de leyes dictatoriales, discos compactos que están tan obsoletos como el “Bésame Mucho” y el “Tico Tico” que se obstinan en tocar los acordeonistas rumanos del metro. Los músicos callejeros y las compañías discográficas son los extremos del mercado musical pero ambos se tocan en su creencia de que son necesarios y en su anacronismo.

    Al igual que como comenté sobre el circo, nada tengo contra la gente que se intenta ganar la vida como puede. Veo como hay personas que ofrecen monedas incluso a los músicos más chirriantes,yo mismo he echado monedas a los talentosos músicos que tocan el el Portal del Àngel o frente al Museo Frederic Marés pero en este caso, como en ningún otro, el espectáculo de la indiferencia e incluso el reproche por la molestias que causan a los que leen o escuchan sus reproductores, los músicos callejeros, me afecta tanto como para amargarme y la verdad, ya tengo bastante con lo mío.

  • Paseando por mi barrio. (3)

    Plaza de la Tolerancia

    Si hay algo extraordinario en mi barrio es sin duda el Hipercor de Meridiana. Sí, sí el de la bomba. Aquel que fue escenario en 1987 del mayor atentado que ETA cometió. Por lo visto los gudaris pensaron que la libertad de Euskal Herria estaba seriamente amenazada por familias armadas con carritos de la compra. Yo nunca explico que me salvé del atentado aunque estuve ese día paseando por allí ya que abandoné las instalaciones un cuarto de hora antes de la explosión y sólo estuve en el edificio que está enfrente del que sufrió el atentado.

    Porque lo que en el barrio denominamos el “Hipercor” en realidad son dos edificios gigantescos separados entre sí por una plaza llamada de la Tolerancia. Unos de los edificios albergar el Hipercor propiamente dicho y el otro es un pequeño Corte Inglés de tan sólo una planta. El Hipercor fue en tiempos unos almacenes Sears que fueron adquiridos posteriormente por la extinta Galerías Preciados para finalmente acabar siendo un centro comercial más del Omnipresente Corte Inglés.

    Pero yo no quiero hablar en esta entrada del Hipercor sino de la plaza de La Tolerancia. Esta plaza es característica de una época, en la que el excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona le dio por construir plazas y parques, sobre todo por la zona de Sant Andreu y Sant Martí, con una peculiar arquitectura. Esta consiste en una especie de laberintos de obra vista, formando terrarios o parterres donde hay plantado todo tipo de árboles y vegetación variada. De este tipo de plaza destacan por su tamaño el Parque de la Pegaso, llamado así porque en esos terrenos hubo una vez una fábrica de camiones y la Plaza Soller sinónimo cuando yo era adolescente de “barriobajeza” y lumpen.

    Pues bien, la plaza de la tolerancia está construida con ese estilo y dada sus escasa dimensiones es la que presenta una apariencia más marcada de laberinto. Los muretes de ladrillo resultan que ni pintados para practicar algo que creo se llama “Parkour” y que consiste en jóvenes ataviados con ropa deportiva dos tallas más grande, que se desplazan dando brincos cual macacos de 40 quilos. La plaza de la tolerancia sirvió también en tiempos para la práctica del “Break dance” y también de algo que no sé como se llama y que consistía en hacer grafitis y bailar hip hop al mismo tiempo. Es decir una gilipollez que fue prontamente abandonada debido a su dificultad. Pero ahora es el turno del Parkour.

    El otro día sin ir más lejos, después de efectuar unas compras en el Hipercor, me quedé contemplado a estos adolescentes dando brincos y haciendo cabriolas. Había alguna chica entre ellos con el pelo recogido en una característica cola de caballo que delataba su sexo ya que llevan una ropa tan ancha que es difícil discernir quien tiene uno o dos cromosomas equis. El embobamiento que sentí al ver a esos chicos jugándose el cuello emulando a lemures y titíes me impidió darme cuenta de una cosa: Yo estaba sin empleo y podía estar allí a esas horas, pero esos chicos ¿Cómo podían estar dando saltos en horario lectivo? ¿No iban al instituto? ¿En qué demonios están pensando sus familias?

    Soy de la opinión que las catastróficas cifras de desempleo en este país están consolidadas sobre dos pilares: La sarnosa clase política que tenemos y el calamitoso sistema educativo que nos gastamos. ¿Cómo se puede tolerar que haya adolescentes saltando en plazas en horario escolar? En este país hay gente con dos o más  carreras superiores sin esperanza de encontrar empleo. ¿De que van a vivir estos muchachos?

    Lo que hacen estos chicos es a mi juicio más grave que unas simple campanas o novillos. En mis tiempos los adolescentes dejaban de ir al instituto para jugar al futbolín o simplemente para fumar. Yo mismo he hecho alguna pella para, simplemente, no soportar el peñazo de la clase de latín(1). Pero los que no iban a clase sabían que estaban haciendo algo irregular. Eran señalados como vagos o como gamberros y el estigma hacía que alguno de ellos, en mi caso por ejemplo, regresaran a las clase y retomaran su educación.

    Pero estos chicos creen estar forjándose una reputación como artistas urbanos e iniciando una carrera profesional. Es lo que tiene toda esta subcultura del el Hip Hop, el Rap y toda esta basura suburbana, que cualquiera cree que está a su alcance y que es un camino fácil al éxito. Para ser artista de verdad has de quemar tu juventud en escuelas de bellas artes o en conservatorios pero para ser rapero basta con llevar los pantalones a medio bajar y ponerte una gorra con la visera hacia atrás y ya eres un Eminem cualquiera.

    La plaza de La Tolerancia está en un barrio de Barcelona, no está en Harlem ni en Los Ángeles. No hay salida profesional para saltimbanquis callejeros en este país. Puede que en Detroit sí, pero en Barcelona no y me da la sensación de que estos chicos y chicas, influidos por la publicidad,piensen que su futuro está en ser profesional del Parkour, el Skate o el hacer virivueltas en esas bicicletas tan pequeñas; y de ser  así, muy pocos pero muy pocos, lo lograrán.

    De España se dice que no tienen un sistema productivo eficaz, pero no estoy de acuerdo: España tiene un sistema productivo muy bonito. España tiene industria, comercio, servicios y agricultura. Sierra Leona puede que no tenga sistema productivo eficiente pero España sí. Lo que no tiene España es sistema educativo normal, por eso son miles los hombres y mujeres que no encuentran empleo, porque el empleo de poca calidad está siendo “deslocalizado” y como la mayoría de las estadísticas demuestran la empleabilidad en España de profesionales y universitarios sigue siendo más elevada que la de quien no tienen estudios de ninguna clase. ¿Y qué hacemos ante este panorama? votamos a la derecha más rancia del continente y dejamos a su ser a los adolescentes para que vayan por ahí regresando al estado de primate.

    Pero no nos preocupemos. Nuestro brillante gobierno intenta despojar de derechos y reducir los salarios de los trabajadores españoles, para que así regresen las fábricas que nos levantaron los eslovacos o los marroquíes. Aunque creo que se equivoca. Cualquier país con un gobierno como el nuestro puede rebajar todavía más la dignidad de su masa laboral, como ya ocurre en China o en el sudeste asiático. Y por lo tanto el convertir a los españoles en tailandeses no resultará mientras existan tailandeses originales.

    (1) De pocas cosas me he arrepentido más en mi vida que de no prestar atención en clase de latín.