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Estos son los restos de mi antiguo blog «La cosa esta mal » que escribí desde 2014 hasta 2023.

  • Programando Nostalgia: Recuerdos de un Amstrad en el OXO

    Programando Nostalgia: Recuerdos de un Amstrad en el OXO

    Nunca me he sentido admirado por mis capacidades o mis logros, quizás porque no tengo capacidades ni logros.

    Lo más parecido que había experimentado como genuina admiración fue cuando mi sobrino, de niño, se quedó boquiabierto viendo como le até los cordones de sus zapatos sin soltarlos en ningún momento. El pobre debió pensar que su tío era una suerte de prestidigitador.

    Hasta que el otro día fui admirado 2 veces.

    Primera vez: Visité el museo OXO de madrid. Es un museo con ejemplares antiguos de ordenadores, consolas y otros dispositivos expuestos a modo de evolución de los videojuegos.

    Entre todos ellos destacaba un ejemplar de un ordenador AMSTRAD CPC 464, la portentosa máquina de 8 bits con cassette integrado y monitor en color… ¡incluido!

    Los jóvenes que pululaban por el museo con cierto desinterés por las versiones antiguas de la Play Station y la Xbox, intentaban infructuosamente comprender como funcionaba aquella maravilla tecnológica del pasado.

    Llamaba tanto la atención que opacaba al Commodore 64 y al Sony HITBIT , auténticos monstruos cibernéticos de los 80 que compartían expositor con él y que ejecutaban juegos antiguos en televisores primitivos.

    Y la razón de tal atención era que parecía que para que hiciera cosas, debía de programarse de alguna manera y ese misterio hipnotizaba a aquellos muchachos.

    Torpemente intentaban escribir instrucciones que hicieran reaccionar al aparato pero su única respuesta era un fastidioso «Syntax Error»

    Entonces aparecí yo y con gran seguridad y aplomo tecleé lo siguiente:

    10 CLS

    20 PRINT «HOLA MUNDO»

    RUN

    El inmisericorde AMSTRAD limpió la pantalla y sobre su fondo azul eléctrico imprimió la frase: «HOLA MUNDO»

    El joven público emitió un sonoro «Oh» como si estuvieran observando a Michael Jackson haciendo el moonwalk por primera vez en 1983

    • ¿Cómo hiciste eso? – Exclamó un joven ligeramente obeso con barba incipiente.

    No contesté. Era mi momento y decidí dejarles un recuerdo imborrable y tecleé en el domado AMSTRAD:

    10 CLS

    20 FOR T = 1 TO 1000

    30 PRINT T

    40 NEXT T

    RUN

    Una vez empezó a ejecutarse el programa, alguno de aquellos muchachos tan versados en el MINECRAFT o en el FORNITE exclamó:

    • ¡Está imprimiendo los mil primeros números naturales!

    Me marché sin decir nada percibiendo en mi interior la admiración de aquellos púberes que habían presenciado el milagro de la programación en BASIC… bueno de la programación de ordenadores sin usar la IA y encima en un lenguaje ancestral. Algún buen recuerdo

    Segunda vez: Visité el museo OXO de Madrid, programé un ordenador prehistórico e iba acompañado de una mujer real de considerable belleza, demostrando que los frikis también pueden conocer el amor.

    Y tú? ¿Cuál fue la primera máquina que programaste en BASIC o cuál fue tu primer ordenador de 8 bits? Déjamelo en los comentarios.

  • El despreciable John Wick

    El despreciable John Wick

    No puedo creer que haya visto y disfrutado esta abominación. La muerte es algo que no se ve de igual manera con 20 años que con casi 51. En esta película hay según el conteo de «Te lo resumo así nomás» 68 muertos ¡68!

    John Wick (la primera) es una película terrible pues contiene dos mensajes tan repugnantes como engañosos:

    • Matar por dinero es una profesión como otra cualquiera y si sigues ciertas normas, los asesinos a sueldo son gente respetable.
    • John Wick es un buen tipo.

    No, John Wick es un tipo deleznable, un criminal, escoria, pero la cara de niño bueno de Keanu Reeves y su inmenso carisma nos hace creer que es un héroe con honestas motivaciones. Sí Wick hubiese sido interpretado por Marton Csokas o por  Michael Shannon no pensaríamos igual.

    Por otro lado, los elegantes e íntegros criminales de la «Mesa Alta» o más bien de la mafia rusa, se lo tienen muy creído y la verdad dejan mucho que desear.

    Voy a intentar explicar por qué pienso esto.

    John Wick es un canalla despreciable.

    1-John Wick es un asesino.

    Partamos del hecho de que John Wick es un sicario, un bandido. No es un padre al rescate de su hija (Taken), ni un ex soldado de Vietnam intentando liberar a sus compañeros (Rambo) ni un ex agente de la CIA castigando a una banda de proxenetas (The Equalizer). Es sencillamente un criminal.

    Ha vivido y muy bien de matar gente y esta disfrutando de un retiro dorado que la gente decente no puede ni imaginar. Pero le roban el coche y le matan al perro, tras la muerte de su esposa. Esto le sirve de excusa para la matanza de 68 tipos. (71 personas si contamos a su amigo Marcus, a Miss Perkins y al tipo negro que retiene a esta en el hotel).

    Un coche y un perro motivan a Wick a acabar con decenas de seres humanos, que son gente de su misma profesión, gente que está trabajando, gente que por muy mafiosos que sean posiblemente tienen madres, esposas e hijos. ¿Es este tipo por el que sentimos empatía? ¿Porque su esposa falleció? ¿No sabía su mujer a qué se dedicaba? Bien que se debió beneficiar de lo que ganó sembrando la ciudad de cadáveres.

    2 – John Wick además de asesino es impío y cruel.

    Wick se entera que quien le ha robado el coche y matado al perro es Iosef Tarazov, el hijo del capo de la mafia rusa para él que algún día trabajó, y que este está oculto en una especie de sala de fiestas llamada, «El Circulo Rojo» y es aquí donde podemos ver calaña de John Wick.

    Urde un plan que consiste en: ¡entrar en la discoteca a ver qué pasa! Y pasa lo que tenía que pasar. Lo descubren y se ve obligado a escapar matando a todo el que se le pone por delante, disparando entre los clientes sin pensar en las bajas inocentes que pudiera causar.

    ¿Este es el asesino más letal? ¿Cuál era su plan de huida? ¿Está tan afectado por la muerte de su mujer y de su perro que no rige? Lo repugnante es la cantidad de gente que muere para nada porque Iosef escapa sin problemas ¿Era así como Wick llevaba su vida profesional? Con sinceridad, no entiendo la reputación de este psicópata.

    Habida cuenta de como se maneja su amigo Marcus, que sabe donde está su objetivo en cada momento, es un infalible francotirador y actúa de manera quirúrgica. Este tipo si es un autentico sicario confiable y no un salvaje suicida que se lía a tiros y se expone a continuamente a cuchilladas, tortazos y disparos de esbirros.

    La mafia rusa e incluso la «Alta Mesa» no funcionan.

    1-Tienen empleados poco fiables.

    • Lo primero que hace Iosef es llevar el coche de Wick para que le hagan lo que sea que le hacen a los coches robados, al taller de un tal Aurelio, quien es a mi juicio corresponsable de tanta muerte por su estupidez, inmadurez y el primer indicativo de que la organización mafiosa no chuta.
    • Cuando el tal Aurelio ve el coche lo reconoce de inmediato, sabe que es de Wick y que habrá problemas. Lo podría haber aceptado, decirle a Iosef que tardará unas horas en arregarlo y después llamar a Wick o esperar su llegada y explicarle lo que ha pasado.
    • Puede que John Wick hubiese pensado un mejor y más discreto plan de venganza, quizás no tan brutal, debido a que tenía el coche, pero no, decide encabronarse por una tontería que dice Iosef y pegarle, lo cual provoca que Viggo se entere de la imprudencia de su hijo y ponga en alerta a todos los esbirros y mafiosos del mundo.

    2-Su informadores no informan correctamente.

    • ¿Cómo se enteró Iosef Tarazov en dónde vivía John Wick para así poder robar su coche? ¿Uso los contactos que toda organización criminal tiene para encontrar su domicilio? Y sí fue así, ¿Cómo que nadie le advirtió que allí vivía un tipo con el que no hay que meterse, no solo por ser un sicario letal sino porque estaba fuertemente vinculado con su propio padre?
    • Vale, supongamos que le siguieran ¿Cómo el hijo del principal jefe mafioso no sabe quien es John Wick? ¡Pero si le conoce todo el mundo en el hampa! ¡Hasta la policía sabe quien es, a qué se dedica y que es intocable!

    3-Viggo es muy mal padre.

    Cómo ya he comentado Iosef está oculto en el Circulo Rojo. Lo dicho la mafia rusa no funciona. En El Padrino (1972) cuando Michael Corleone mata a McCluskey y a Sollozzo es inmediantamente enviado a Sicilia para protegerlo del resto de la mafia, pero Viggo decide que lo mejor para la seguridad de su hijo es que se vaya de picos pardos a un puticlub en vez de enviarlo una temporada al lugar más recóndito de la estepa siberiana, hasta que pueda acabar con Wick.

    4 – Viggo es un capo de la mafia mediocre.

    Viggo Tarazov, es el jefe de la mafia rusa y trabaja para la «Mesa Alta» se sabe por las monedas de oro que se aprecian en su caja fuerte. Podría haber pedido ayuda a esta. Es obvio que esta organización debe obtener algún beneficio de sus mafiosos. Toda la parafernalia de los hoteles «El Continental», los sobornos a la policía y seguro que a sus jefes políticos, además de todas esas armas y tecnología avanzada cuestan una pasta. No podrían haber intervenido de alguna manera. Podrían haberle enviado un mensaje del tipo:

    -. «Ostras John Wick, por un perro la que estás liando. Ten aquí tienes un coche nuevo y deja de jodernos el chiringuito»

    No sé, parece que se ponen de parte de Wick de inmediato, Viggo no debe llevar muy bien su organización o les cae mal.

    Y no me extraña pues al enterarse de lo que su hijo ha hecho se cabrea le da una paliza y entonces sólo entonces, le explica quien es John Wick. La explicación de Viggo merece un momento de atención:

    En primer lugar le dice que John Wick es El Baba Yagá, «el hombre del saco» no sólo eso, Wick era a quien mandabas a matar al hombre del saco.

    Luego le dice que Wick era socio suyo, no empleado, socio, y que por una mujer le pide poder dejar la organización. No entiendo por qué John Wick tiene que pedir permiso a nadie para irse y menos a Viggo porque este no era ni mucho menos tan poderoso como lo es ahora y eso se sabe por la frase que de manera solemne pronuncia:

    -. «Los cadáveres que enterró aquel día sentaron las bases de lo que somos hoy.»

    Es decir eran una organización mucho más débil así que ¿Cómo tuvo arrestos Viggo de ponerle condiciones al Baba Yagá. ¡Lo había visto matar a tres tipos en un bar con un lápiz! ¡Y le pide algo imposible! Se entiende que matar a alguien muy importante en condiciones muy difíciles ¿No pensó Viggo que Wick es un sicario, un ser amoral, que a lo mejor hubiese preferido matarlo a él en vez de arriesgarse en una misión, por lo visto, casi suicida? De acuerdo, Viggo le dice a su hijo que Wick es un tipo integro, pero en este caso con avisar con 15 días de antelación era más que suficiente.

    A pesar de la explicación, El hijo de Viggo no es capaz de comprender la magnitud del follón en el que se ha metido y Viggo casi desesperado organiza su protección ¿Cómo no pensó lo mismo cuando Wick le pidió retirarse?

    Algunas consideraciones cinematográficas.

    Dicen que John Wick es un intento de resucitar o al menos prestigiar el cine de acción de los 80 cuyos protagonistas ahora dicen, presentan una «masculinidad tóxica» Quizás sea por ello que esta película contiene los mismos clichés de aquellas:

    • John Wick es invencible. Puede con rusos más altos y pesados que él en segundos (pero tarda un rato largo en deshacerse de Miss Perkins, la corrección política ante todo).
    • John Wick sobrevive a caídas de sea cual sea la altura y a embestidas de automóviles sea cual sea su velocidad.
    • John Wick sangra de manera moderada por profundas que sean las puñaladas.
    • John Wick tiene una puntería sobrenatural salvo cuando apunta al Iosef.

    Por otro lado sus enemigos no se quedan atrás.

    • Se enfrentan a él cara a cara y sin táctica aparente.
    • Acuden a la muerte sin rechistar mientras pisotean los cadáveres de sus colegas muertos por docenas.
    • Viggo no valora el costo económico de enviar a sus huestes a la muerte. El INEM debe estar a rebosar de sicarios bien preparados, desempleados.
    • Viggo no solo desaprovecha la oportunidad de matar a Wick (cuando su hijo sigue vivo) de un disparo en la cabeza sino que se comporta como se espera de un villano estereotipado, se va sin comprobar que Wick ha muerto dejando que sus esbirros lo maten de una manera complicada. ¡Es el Baba Yagá, Viggo, tú lo conoces, ¡pégale un tiro! No me extraña que la Alta Mesa no te valore!

    Lo dicho una película terrible, con un éxito tal que tiene dos secuelas (que he visto) y una en proyecto, pero con un guión flojo y un protagonista repugnante. (Solo Keanu Reeves puede hacer creer que un tipo así es un héroe romantico)

    Para mí la muerte es el fin. Merece una larga decadencia, una digna agonía y tiempo de reflexión, de recuerdo de preparación. Pero un disparo en la cabeza es, no sé, estás fuera del universo, así, de repente, sin la ceremonia que el dejar tu única vida merece. Y la existencia sigue sin ti.

    Es la magia del cine, deshumanizar a un colectivo: mafiosos, stormtroopers, orcos y ya los puedes matar por decenas… Estoy deseando que estrenen la próxima entrega.

    Para saber más:

    El director de ‘John Wick’ reconoce que matar a cientos de personas por un cachorro es una «locura»

  • Mi viaje de Gulliver.

    Mi viaje de Gulliver.

    Visité Londres por primera vez en el sangriento verano de 2005 por un azar del destino del que no hablaré y fue una semana antes de las vacaciones que había programado en Egipto.

    ¡Qué tiempos! Yo me sentía todavía joven y las cosas no me iban del todo mal. Tenía ánimos para emprender dos viajes en un verano, acababa de salir de una gran bache en mi vida y me sentía renacido.

    Todo mi presupuesto estaba destinado a comprar todas las emociones posibles que pudiera en Egipto. Es cierto que tuve suerte y encontré una oferta de última hora, vamos un chollo , pese a lo cual, viajé a todo lujo incluyendo crucero por el Nilo con las mismas 5 estrellas que el hotel Marriott de El Cairo, ubicado en el que fue el palacio que le construyeron a Eugenia de Montijo cuando se fue con su Marido Napoleón III a inaugurar el canal de Suez.

    En Londres, pues, quise gastar poco dinero ya que además, la libra esterlina estaba a dos euros. Pero no me importaba, allí estaba yo solo, en la tierra de mi bisabuelo, durmiendo en un hotel barato donde la recepcionista ponía cara de desesperación cuando le hablaba en inglés y donde no me cobraron el desayuno seguramente porque les resultaba menos oneroso que intentar entenderme.

    Tuve que caminar mucho pues los recientes atentados en el metro habían provocado el cierre de la mayoría de líneas del suburbano así que algunas cosas me las perdí por puro agotamiento físico y otras por no poderlas pagar como los 10€, al cambio, que costaba entrar en la abadía de Westminster para poder ver la tumba de Isaac Newton.

    Pasé aquellos días absteniéndome de todo lo que no fuera absolutamente necesario, comiendo en McDonald’s o en la calle, bocadillos de pepino con mantequilla  comprados en Marks & Spencer Food. Además hizo algo de fresco y llovió.

    No fue un viaje cómodo pero lo pasé muy bien viendo todos los tópicos turísticos  desde el ineludible Big Beng, hasta la Piedra de Rosetta, el único icono egipcio que no podría ver en su país.

    Luego me fui para Egipto, la cosa no salió como esperaba.

    Para empezar era mi primera vez en un país africano y en un país árabe. No estaba preparado para asumir todo lo que vi allí y que nada tenía que ver con la épica de monumentos milenarios y faraones sino con el terrible paisaje humano que me encontré.

    Durante todo el crucero por el Nilo y en mi estancia en El Cairo la miseria y la injusticia social me impidió disfrutar del viaje. No porque no conociera la pobreza, La Barcelona de mi niñez estaba bien provista de ella sino que era la primera vez que la observaba desde la cúspide del lujo y la riqueza, pues para la mayoría de paisanos egipcios yo era rico y muy rico.

    Todos los monumentos, los templos, la maravillosa ribera del Nilo adornada de hermosos minaretes se me eclipsaron por la horda de niños pedigüeños, niños enfermos, algunos deformes o mutilados, rodeándote para obtener calderilla o boligrafos. Niños  que eran capaces de pedirte en catalán que les comprases unos abalorios cuando se enteraban de que venías de Cataluña.

    Mendigos por todas partes, alzando sus manos, metiéndolas entre el enrejado de las estructuras metálicas dispuestas para separar a los turistas de la muchedumbre misérrima y que pudiéramos ver la esfinge, por ejemplo, sin ser molestados.

    Lejos me quedaba la mística de Abul Simbel, Karnak, Luxor o Guiza frente a las polvorientas fachadas de los suburbios de El Cairo que no se reparan porque el desierto las golpea sin piedad, dando a aquellos edificios un aspecto mortecino y desolado, a pesar de la mucha gente que allí malvive.

    Es cierto que pasé buenos momentos y vi muchas cosas que ansiaba ver desde niño pero la arrogancia de los visitantes Saudies tratando a sus criados como ganado, mujeres condenadas al Nicab, gente viviendo en tumbas de familiares exhibidos como atracción turística, ancianos trabajando al carecer el país de un sistema de seguridad social, el caos en los servicios públicos, la corrupción policial que viví en primera persona y la mirada picara de niños sin más futuro que la mendicidad, hicieron que dejase Egipto con una sensación de tristeza y porque no decirlo, de cierta culpabilidad por haber participado en un viaje de lujo a un país tan pobre. Me prometí a mí mismo que si algún día volvía al tercer mundo como turista será en condiciones más modestas y decentes.

    Y así fue como tuve mi particular viaje cual Gulliver. Era pobre en la capital del imperio británico,  era el enano entre los gigantes de Brobdingnag pero fueron días maravillosos. En cambio en el Egipto de los Faraones del que sólo queda expolio y arena fui el turista rico, el gigante entre enanos de Lilliput y me sentí infeliz. Una lección que me dio la vida y de la que he tomado nota.

  • Cuento de navidad

    Cuento de navidad

    Hipercor de Meridiana, interior tarde.

    En la frías vísperas de nochebuena, el viejo David curioseaba entre los anaqueles de la sección de juguetes. Caminaba despacio parándose de vez en cuando para pulsar los botones de prueba de los que hacían ruido.

    De repente se le acercó un tipo. No era muy alto, con barba de tres días. Su ropa era vieja y sus zapatos desgastados. Se dirigió a él interrumpiéndolo mientras oprimía las teclas de un móvil que imitaba los ruidos de animales de granja.

    • Hola David. ¿Cómo estás?
    • Bieeen. – Contestó David al principio con cautela pensando que era un pedigüeño y después con incomodidad por haberle llamado por su nombre.- ¿Cómo sabe como me llamo?
    • Lo sé todo sobre ti. Soy el espíritu de las navidades pasadas.
    • Encantado de conocerle.- Contesto alarmado.- Pero ya me iba se me va a pasar la hora en el parquin y no quiero volver a pagar, ya sabe.
    • No tan rápido, tengo un mensaje que darte. Además sé que no tienes coche.
    • Ya verá pero tengo prisa. – Dijo David haciendo aspavientos para que un segurata barrigón que se encontraba a escasos metros le viera. Pero este no reaccionó.
    • No pueden vernos, David. Estás en mi dimensión espiritual ¡Uuuhhh! Y no te dejaré ir hasta que me escuches.
    • Oiga esta es una historia muy manida. ¿No me diga que tendré que aguantar también al los espíritus idiotas de las navidades presentes y futuras?
    • No David.- Contestó condescendiente el fantasma.- Tú sólo tienes un espíritu que soy yo. ¡Uuuhhhh! Lo de los tres espíritus es para empresarios despiadados.
    • Vale y ¿qué quiere? No recuerdo haberle hecho nada malo a nadie en nochebuena.
    • No es eso. Lo que pasa es que no te dejas llevar por el espíritu navideño. No dejas que la felicidad de estos días inunde tu corazón.
    • ¡Eso no es cierto! Ya me he comido unos cuantos polvorones y algunas figuritas de mazapán ¿Y qué hay más navideño que el mazapán?
    • No me refiero a eso.- Comentó el fantasma haciendo gesto de desesperación.- No estás comprando. No estás gastando suficiente. Piensa en la gente que no tiene dinero. Cómo les gustaría estar en tu pellejo. Recuerda como estabas el año pasado: en el paro, con los bolsillos vacíos. ¡Mírame! Soy el reflejo de lo que eras hace un tan sólo un año.
    • Pero si estoy comprando ¿Por qué iba a estar en el Hipercor sí no? Lo que pasa es que estoy comparando precios.
    • ¡Y una porra! Sólo pulsas teclas de juguetes para probarlos. Te he visto pulsar el capó de esa ambulancia para que suene la sirena y antes aprestaste la barriga de aquel minion para que riera.
    • Estoy buscando juguetes para mi sobrino… ¡eso!
    • No me engañas. A tu sobrino ya le has comprado un Buzz Lightyear barato y se lo darás el día de reyes. Estás aquí porque en el fondo te mueres por comprar. ¡Quieres gastar sólo porque es navidad! Pero tu maldito ego te lo impide.
    • Yo no necesito una fecha especial para comprar. – Comentó David con gesto despectivo. – Estás son unas fiestas consumistas sin ningún  valor moral.
    • «… sin ningún valor moral». Bla, bla, bla. – contestó burlón el fantasma.- Vas de intelectual y ni siquiera acabaste la carrera.
    • Yo por lo menos estoy vivo.
    • ¡Qué gracioso! – dijo el fantasma algo dolido. – Lo que pasa es que no tienes dinero suficiente para comprar lo que quieras. Si te hubiera tocado la lotería ya veríamos donde iba tu intelectualidad.
    • ¡Exacto no tengo dinero! Por eso no compro ¿está contento? ¡eah! Ya puede irse. Me siento una persona mejor. ¡Misión cumplida!
    • Me temo que no es suficiente. Ya sé que no tienes mucho dinero pero te recuerdo que tienes una tarjeta de crédito y también la del Corte Inglés.- Indicó el espíritu frotándose las manos.
    • No las llevo encima. – Contestó David mirando hacia un niño que lloraba porque su mamá no le compraba no se sabe qué.
    • ¡Falso! Desde principio de diciembre las llevas contigo.
    • Es por si tengo una emergencia ahora en vacaciones me muevo mucho y…
    • Las llevas porque quieres comprar pero te falta un empujón.- interrumpió el fantasma.- Pero no temas para eso estoy yo aquí.
    • Gracias pero, de verdad, no necesito nada.
    • No es cuestión de necesidad es cuestión de comprar cosas que molan.
    • ¡Qué no! pesado.
    • ¡Va hombre! Tu hermano ha estrenado un iPhone 6 plus, te mueres por tener uno igual.
    • Yo ya tengo un Galaxy Note 4 que es mucho mejor.
    • ¡Qué más quisieras! Eso es un móvil de perdedor. ¡Un iPhone es un IPhone y te lo podrías comprar. ¿Qué me dices?
    • ¡Qué no!
    • Tu tablet está vieja. ¡Cómprate una nueva!
    • ¡No! Todavía sirve, además sólo la uso ver porn… digo el You Tube.
    • ¿Un nuevo teclado para tu ordenador de esos que se iluminan?
    • ¡No!
    • ¿Una suscripción a Netflix?
    • ¡No!
    • ¡Un palo de «selfies»!
    • Grrr. ¡Qué ordinariez!
    • ¡Pues una catana!
    • ¡Déjame en paz!
    • Unos auriculares con manos libres para tu fantástico Note 4.- Dijo el fantasma con tono de burla!. -Los tuyos se han roto.
    • Mmm. ¡Es verdad!
    • ¡Lo ves! comprarlos es una necesidad, no un capricho infantil.
    • ¡Vale! pero sólo porque los necesito.
    • ¡Que sean de esos con volumen! Debes proteger tus oídos.
    • Mmm. ¡Es cierto! Pero serán más caros.
    • ¿Tus oídos no merecen el gasto extra?
    • Mmmm.
    • ¡Uy! Esos están muy bien y tienen cable antienredos.
    • ¡Tu sí que me está enredando!… Aunque, deben de ser muy prácticos.
    • Comprarlos azules o rojos. Todo el mundo lleva auriculares blancos.
    • Esos negros satinados son bonitos y tienen volumen y cable antienredos… ¡30€! ¡Qué barbaridad.
    • ¡Venga que es navidad!
    • De acuerdo sí prometes que te me dejarás en paz.
    • ¡Prometido!

    Y así fue como el viejo David, imbuido por el espíritu navideño y con la ayuda del fantasma de las navidades pasadas comenzó poco a poco a llenar su corazón de esperanza y un carrito de supermercado de cosas necesarias: Una agenda de Star Wars, un termo en forma de lata de cerveza, una recortadora de barba con aspirador, una flor de pascua, un mapa de La Tierra Media  y por supuesto, los auriculares con cable antienredos.

  • Excusas que ponen las mujeres para no salir con nosotros.

    Excusas que ponen las mujeres para no salir con nosotros.

    A medida que te haces mayor te conviertes en el objetivo de hombres más jóvenes que buscan en ti consejos derivados de lo que ellos piensan es una vida llena de experiencia y obstáculos superados. Así que me veo a menudo interrogado por jóvenes sobre los más variopintos asuntos vitales entre ellos, cómo no, el trato con las mujeres es el más solicitado. Hace poco me he visto comentando el tema que me propongo redactar a continuación y que trata sobre las diferentes formas en que una mujer te rechaza verbalmente o por escrito en Internet.

    Antes de comenzar hay que dejar claro algunas cosas que son axiomáticas:

    • Cuando una mujer dice no, es que no.
    • Algunas mujeres nos rechazarán de manera humillante pero otras serán compasivas, estas son las peores. Los hombres solemos evitar a las mujeres que no nos interesan pero las mujeres son más pragmáticas y no desaprovecharán nuestros “servicios”, de ahí que nos convirtamos a veces en sus peluches o en su “amigo gay”
    • Seducir a una mujer que no está interesada en nosotros es algo al alcance de muy pocos. No perdamos el tiempo. Aquello de “quién la sigue la consigue” no es aplicable a las mujeres.
    • Cuando una mujer está interesada en nosotros, nos lo hará saber de manera inequívoca.
    • Recordemos, los sentimientos, y la sexualidad es el dominio de las mujeres, los hombres estamos desvalidos e indefensos si nos internamos en él sin protección psicológica.

    Una vez dicho lo anterior voy a comentar los dos primeros puntos.

    Si una mujer dice no es obvio que es no, pero a algunas, movidas por su buen corazón, no son capaces de decir no de una manera tajante, por lo que usan excusas elaboradas para no hacernos daño y que nosotros interpretamos como “un tal vez”. Es por eso que las mujeres que nos rechazan de manera taxativa son las que merecen nuestro agradecimiento. Un rechazo directo y humillante nos dolerá pero pasado el tiempo se esfumará y no arrastraremos una ingente carga de frustraciones. Y precisamente, para evitar frustraciones, voy a relacionar algunos tipos de excusas elaboradas, que he recibido a lo largo de mi vida.

    Excusa elaborada humillante. Recibida de Marta P. en 1995. Cada hombre tendrá la suya, esta es la primera en mi escala de humillación.

    Excusa elaborada de mujer altamente cualificada y con buen empleo. Recibida de María C. en 2003 y de Paloma M. en 2012, entre otras. Es muy habitual pese a lo burdo de su argumento. ¿Qué empleo requiere tanta dedicación como para no tener tiempo ni de tomar café? ¿Técnico de seguridad en Fukushima? Suele ir acompañada de asunto familiar por resolver.

    Excusa tajante pero elaborada. Algunas mujeres no se conforman con decirte que no, quieren dejar claro el motivo. Recibida por Cristina S. en 2012.

    Excusa desconcertante. Claro ejemplo de que entender a algunas mujeres no está al alcance de cualquiera. Recibida de Cristina R. en 2004.

    No sé de donde dedujo que yo quería un compromiso en serio. Ocupa el segundo lugar en mi escala de humillación.

    Excusa sensiblera. También muy habitual, presenta variaciones por ejemplo:

    Tipo “drama familiar”. Recibida de Adela en 2005.

    Tipo “sigo enamorada de otro”. Recibida de Ania en 2004.

    Tipo “No es por ti”. Muy habitual por Internet en redes tipo Badoo o Meetic. La mujer lleva cinco años divorciada y quiere quedar contigo. Suele producirse tras conversación por web cam o envío mutuo de fotos.

    Naturalmente he recibido más tipos de excusas pero creo que pueden ajustarse a algunas de las categorías expuestas. A medida que vaya recibiendo nuevas excusas originales las iré incorporando. Sólo me queda decir que juro por mi honor que todas las excusas anteriores son verdaderas, reales y recibidas por mí mismo.

  • Diario de viaje. Últimos días.

    Puente Queensboro

    Domingo.

    Ya he visto todo lo que quería ver. Todos mis objetivos turísticos están cumplidos.  Dediqué el domingo a  preparar el agotador viaje del lunes y a descansar. Mientras cambiaba con desgana los canales de televisión, doy con el único que emite en español que se sintoniza en el hotel. Dan un anuncio del nuevo disco del tal Alejandro Fernández en el cual se incluye la canción «hoy tengo ganas de ti». Me siento feliz por identificar quien la canta y que además lo hace a dúo con Christina Aguilera. Resulta que al volver de Washington, el Sr. Rodríguez subió el volumen de la radio cuando esta canción empezó a sonar. No quiero parecer cursi pero atravesar el Queensboro con esta música será algo difícil de olvidar. Cuando la canción terminó comenté:

    • ¡Qué magnífica versión de esta canción! Es la más famosa de Miguel Gallardo, un autor español que murió relativamente joven.

    El Sr. Rodríguez esboza una sonrisa, la primera en todo el viaje. Celebra que me guste la canción y comenta:

    • Los grandes artistas siempre mueren jóvenes.

    Fue la frase más larga que pronunció de manera espontanea y no estaba carente de lírica . ¡Bien por el Sr. Rodríguez!

    Lunes.

    El «shuttle bus» del hotel me ha dejado en el JFK siete horas antes de la partida de mi vuelo. Busco el mostrador de Iberia pero no lo encuentro.  Decido preguntar a una empleada con chaqueta roja y pinta de saber mucho.

    • «De aibirias chequin plis? (¿El mostrador de Iberia, por favor?)«. – Mi inglés de andar por casa parece funcionar, además aquí Iberia es «Aibiria».
    • «Oh yes, wachiwachiwachi and wachiwa.»

    Ella me ha entendido pero yo a ella no, pese a lo cual asiento con la cabeza y sonrío como si ya lo tuviera todo claro. Absolutamente perdido decido ir al lavabo. Pienso mejor con la vejiga vacía. Espero un rato antes de volver a preguntar. Esta vez pregunto a una empleada de British Airways.

    • «De aibirias chequin plis?»… «Is de seim campani… Je, je.». (¿El mostrador de Iberia, por favor?… Es la misma compañía…Je, je.)

    Le hago notar que si le pregunto a ella es porque Iberia y British Airways son la misma compañía no vaya a ser que se moleste. Esta vez consigo que me indique con el dedo donde debo esperar y a qué hora. Después de esperar las mencionadas siete horas, consigo por fin la tarjeta de embarque y pasar el control de seguridad. Dejo todo lo que llevo en la cinta transportadora incluyendo los zapatos pero me olvido del cinturón. Justo cuando me toca a mí introducirme en una cabina de rayos X o yo qué sé, me doy cuenta y me lo quito para ponerlo con las demás cosas. Debido a todo ello provoco un ligero murmullo de desaprobación por parte de los demás viajeros ya que estoy retrasando el acceso a los «duty free». Avergonzado me olvido de recolocarme el pantalón tras sacarme el cinto y claro, para que no se me caigan tengo que colocarme en una postura cómica dentro de la cabina detectora, con los brazos en alto y las piernas arqueadas. ¡Mira qué bien! Ya he hecho el ridículo en tres continentes.

    Sobre el vuelo nada destacable. El viaje duró casi dos horas menos por lo que tuve tiempo de ver los capítulos que me faltaban de «The Big Bang Theory» y la película «El último rey de Escocia» pero no pude saber el final de «El secreto de tus ojos». ¡Ah! tuve que soportar a un orondo señor que no paraba de moverse y de restregar sus sobresalientes nalgas sobre mis empalidecidas mejillas. Al menos el desayuno fue tan pantagruélico como lo fue la merienda de la ida lo cual me obligó a aflojar el cinturón de seguridad. Siempre llevo en los aviones mis mejillas empalidecidas y mi cinturón abrochado porque me da miedo volar. Cuando puedo escojo un asiento lejos de las ventanillas pues no soporto la visión del vacío. Las alturas no son lo mío. Estar a más de metro y medio desde el pavimento, me provoca vértigo. Creo que esta ha sido realmente la causa por la cual he retrasado tanto este viaje que hoy concluye. Sin duda el poder ver Nueva York sin cataratas y poder encarar esas interminables avenidas y esos infernales trasbordos sin broncoespasmos, ha sido un regalo de la vida. (Y de mi hermano, claro.)

    Ha sido el mejor viaje de mi vida. En el que me he sentido más motivado y más seguro, a pesar de estar al otro lado del mundo, del idioma y de la peculiar idiosincrasia de los americanos. En la lista que confeccioné de niño de las cosas que quería ver, ya sólo quedan los objetivos que marqué como «improbables de conseguir» y en mi lista de cuadros que deseaba contemplar en vivo ya están todos tachados. Espero que este sencillo triunfo vital, me ayude a recuperar el ánimo y a afrontar decidido el resto de mi vida, puede que solo e insignificante pero con valor y lleno de curiosidad, como he afrontado las calles de Nueva York.

  • Diario de viaje. Día 5.

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    Manhattan.  Donde los chinos son altos, los hispanos son pobres, los blancos son raros y los negros… los negros todo lo anterior.

    Manhattan, donde he tenido mi primera depresión transoceánica.  Puede que sea el rebote del subidón de ayer, o lo desordenada que llevo la medicación pero no tengo ganas de nada. Ni siquiera he recordado el cumpleaños de mi hermano. Quizás veo cerca el final del sueño,  veo cerca volver a la nada, a ser nada. Aquí también soy nada, pero en Nueva York hasta la nada parece algo.

    A duras penas decido ir a Chinatown. En mi guía dice que es visita obligada. Me apeo en Canal Street que huele a comida y donde no hay muchos más asiáticos que en Queens.  No me impresiona. Quizás tenía que haber ido al MOMA. He perdido la tarde.

    Decepcionado camino por inercia y repente llego a la calle Mulberry donde hay cientos de personas,  alegría y griterío. Pregunto a un hispano: son las fiestas de San Gennaro en Little Italy.

    Hay cientos de puestos de comida, principalmente italiana pero también china y caribeña;  incluso hay un puesto con banderas españolas y toros de Osborne que sirve frenéticamente paella con chorizo. Siento curiosidad pero no he venido a Manhattan a comer paella. En su lugar pido un bocadillo de salchicha italiana picante que además de delicioso hace las veces de Trankimazin.

    Un talentoso imitador de Louis Armstrong acompañado por tipo con un acordeón rosa y una chica asiática que toca un tambor acaban por animarme y les echo mi ultimo dolar.

    Mientras camino por la calle atestada, pongo la música que traje a propósito en mi reproductor. El Empire State resplandece en el horizonte, Don Fanucci tiene los minutos contados y yo, yo me siento feliz aun siendo nada en Manhattan.

  • Diario de viaje. Día 4.

    Obelisco_Washintong

    Todas las vivencias de este día son imposibles de redactar con mi celular así que las dejaré para la versión extendida.  Por el momento me limitaré a una pequeña enumeración.

    5:30 El Sr. Rodríguez me recoge en la puerta del hotel.

    Parada en Manhattan para recoger a Claudia Hurtado, a Julián y su esposa la Dra. Landeiro y a dos simpaticas Argentinas: Graciela y Nela.

    Nos adentramos en la «high way» que atraviesa New Jersey, Delaware y Maryland. Paisajes de bosques y dos inmensos ríos. De los rótulos de la autopista deduzco que uno es el Delaware pero el otro no logro identificarlo pero puede que sea el Susquehanna. Aquí pasan desapercibidos, pero tienen un cauce 3 ó 4 veces mayor que el Ebro.

    Parada para desayunar y hacer otras cosas menos literarias.

    Más paisajes,  puentes colosales y grandes camiones a toda velocidad.  No es la ruta 66 pero estoy flipando.

    Atravesamos Baltimore. Por suerte esta inmensa ciudad no tiene «rondas» o el Sr. Rodríguez no las conoce así que para mí cuenta como visitada.

    Casi las once, Washington D.C. El Sr. Rodríguez se pierde en el marginal barrio de Anacostia. No hay blancos en una milla a la redonda. Nos paramos para que el Sr. Rodríguez recomponga su GPS. Mi nívea piel llama la atención de algunos paisanos intranquilizadores. El Sr. Rodríguez logra situarse antes de que tengamos un conflicto racial de imprevisibles consecuencias.

    Llegamos al Capitolio. A mí que sufro de síndrome de Sthendal en Gran Vía 2, me deja boquiabierto.

    Capitolio

    Visitamos todos los museos Smithsonianos, incluido el museo aeroespacial donde me hago una foto junto al Viking justo bajo el Spirit of Sant Louis.

    Spirit of Sant Louis

    Comemos y partimos hacia la Casa Blanca donde se nos presenta a Conchita, la mujer que lleva 20 años protestando contra las armas atómicas si moverse de allí.

    Luego llega el plato fuerte: el memorial a Lincoln. Mi síndrome de Sthendal roza la epilepsia.

    Estatua de Linconl

    Partimos hacia el cementerio de Arlington. Una terrible tormenta nos obliga a acurrucarnos en un recoveco del monumento al soldado desconocido. Amaina y podemos visitar las modestas tumbas de los hermanos Kennedy.

    Tumba de John Kennedy

    Imbuidos de épica y calados hasta los huesos,  regresamos a Nueva York.  He logrado vencer la apatía y la pereza y como recompensa: uno de los mejores viajes de mi vida.

    Para saber más sobre Washington:

    Guía turística de Washington D.C. de Daniel Prado Rodríguez

  • Diario de viaje. Día 3.

    Once se septiembre.  La televisión emite homenajes a las victimas de los atentados del World Trade Center, noticias sobre Siria y sobre las primarias de no se qué, que no interesan a nadie, pero sobre la «vía catalana» ni palabra. ¡Qué raro!

    Como estoy harto de llegar deshidratado a todas partes, me he estudiado el plano del metro para poder llegar en condiciones al Metropolitan Museum.  He podido ver los Velázquez que me faltaban y el patio del castillo de Vélez Blanco del que tanto me habló mi admirado jefe Juan Martinez.

    Tras recorrer el museo entero vuelvo a estar exhausto. Estoy en baja forma. No sé si voy a tener ganas de pasear por Central Park que está aquí mismo. Decido comer en el propio museo. No es la opción más económica pero así podré descansar y refrescarme para ir al parque.

    No me ha servido de nada lo anterior.  El calor intenso, las dimensiones colosales de Central Park y la comida del museo están a punto de acabar conmigo. Si no encuentro pronto un aseo voy a dejar una huella desagradable de mi paso por Nueva York, aunque creo que voy a morir antes y eso me tranquiliza pues no me gusta llamar la atención.

    ¡Salvado! He encontrado un precioso lugar donde acudir a la llamada de la naturaleza y tomar un agua con gas que me devuelve la vida. Me la tomo en la terraza amenizado por una pareja de músicos, chico y chica, que canta una versión de Imagine que hace que suelte unas lágrimas de emoción y un dolar en un cubito anaranjado que usan para los óbolos.

    La linea de metro que me ha llevado al Metropolitan también lleva al puente de Brooklyn. Con el alma sosegada y los intestinos estabilizados parto hacia allí.

    En que hora se me ocurrió.  Naturalmente me pierdo y cuando logro saber dónde estoy resulta que el acceso peatonal del puente está kilómetros de donde me encuentro. Llego por fin y encaro la rampa que conduce al puente esquivando a los ciclistas que van a una velocidad que no es normal ¡Pero qué animales! Estoy exhausto, tengo los ojos encharcados y apenas me tengo en pie. Subo la rampa jadeando e intentando que no me atropellen.  Por segunda vez hoy estoy a las puertas de la muerte pero no me rendirê ¡Ya queda menos!

    Por fin consigo llegar al centro del puente y todo el sufrimiento ha merecido la pena. Fotos, magníficas vistas y otro sueño cumplido: caminar por el puente de Brooklyn.

    Regreso al hotel. Es pronto pero estoy reventado. Prefiero descansar pues mañana puede ser un día grande si todo va bien. Nada más en este once de septiembre en el ombligo del mundo, lejos de donde se creen que son, el ombligo del mundo.

  • Diario de viaje. Día 2.

    Nevada dinner

    Día gris en Nueva York.  Desayuno en «The Fabulous Nevada dinner». Parece caro, casi nueve dolares, pero el bocadillo que me sirven tiene el tamaño de la cabeza de un recién nacido y hay barra libre de café ¡hasta me invitan a agua fría! Dios bendiga a América.  Sólo una pega. Ya es humillante que los amabilísimos sudamericanos que me sirven no entienda mi inglés,  pero que tampoco me entiendan en español me hace sentir un poco tonto. ¡Cómo he descuidado los idiomas! No me entero de nada, pues ahora resulta que el desayuno sólo me cuesta seis dólares. ¡Yupi!

    Un interminable viaje en la línea R me lleva hasta la estación del ferry de Staten Island, unos barcos gigantescos que  trasladan de manera frenética miles de personas por hora ¡y son gratis! Desde alli veo por primera vez la estua de la libertad y de lejos el puente de Brooklyn.  Tomo uno de los ferris y puedo ver la impresionante  vista del skyline de Manhattan flanqueado por la estatua de la libertad.  Todos los objetivos turísticos cumplidos. Si tuviera que volver por emergencia a Barcelona ahora, daria por bueno el igualmente el viaje.

    Ferry a Staten Island

    Un descanso para tomar café y orientarme.  Decido subir por Broadway hasta Wall Street donde casi me rompo la crisma al tropezar en las escaleras del monumento a George Washington.  No ha pasado nada. Fotos de rigor de la Bolsa y regreso al hotel.

    Monumento a  Washington

    He comido un «Hot dog» de los que venden en la calle tan típicos. Con un botellin de agua 2 $. Aquí todo el mundo come en la calle. En Wall street me encuentro con una fila de ejecutivos esperando su turno en los puestos de perritos calientes.

    CIMG2800

    Regreso al hotel. No consigo abrir la puerta con mi tarjeta magnética.  A ver la que puedo liar con mi inglés para explicar todo el mogollón, pues el recepcionista de hoy no habla español.  Expongo mi problema hablando tranquilamente. El recepcionista parece comprender y me da una tarjeta nueva. ¡Gran éxito! Esto de la «inmersió llingüistica» funciona.

    Por fin decido ir al centro y pasear un rato por allí. En Manhattan la gente es más que en otros sitios que yo haya visto. Los pobres son muy pobres, los pijos son muy pijos y los raros son rarísimos. Hay gente disfrazada de Hello Kity que se pasea sin hacer nada aparentemente, no como el tío que va de Ironman y pega unos sustos morrocutudos a los viandantes desprevenidos. Hay predicadores variados, hombres anuncio que están plantados en las esquinas para indicar donde está el establecimiento que anuncian. Una chica, bastante mona por cierto, está quieta en medio de la acera de la calle 42 haciendo un gesto como si un gran estruendo estuviera dañando sus oídos. En frente suyo un tipo disfrazado de zombie se mete con dos mujeres.

    Zombie se mete con dos mujeres

    Todo va muy bien hasta que decido ir a ver la catedral católica de San Patricio, que se supone, es la mayor de Norte América y una de las mas grandes del mundo. Palizón de andar para nada. La catedral está en en obras y en la entrada hay tío que es de seguridad o pide dinero. Me da igual, no me quedo a saberlo pues me mira mal.

    Agotado regreso a la estación de metro. Por el camino me encuentro con el Rockefeller Center, la biblioteca pública y los impresionantes rascacielos de la avenida de las Américas. De repente me encuentro mal, temo que me está dando un ataque de asma. Me detengo y trato de recuperar el resuello. No, no es asma, sino la variante aguda del síndrome de Sthendall que yo llamo: «síndrome de de Martínez Soria». Logro recuperarme y regreso al hotel. Por hoy ya está bien.

    Rockefeller-Center