Categoría: En serio

  • Yolanda.

    Ayer en la noche sin luna más despejada del mes volví a ver la Vía Láctea con mis propios ojos. La última vez fue hace más de treinta años, cuando siendo niño miraba al cielo de Cómpeta sentado junto a mi abuela. Después contraje las cataratas y las estrellas, incluso las más brillantes, se me apagaron.

    Ayer sentí la alegría de volver a verla, tenue, difuminada por la contaminación lumínica, pero apreciable gracias a mis cristalinos de plástico y me sentí orgulloso de haber superado la ceguera nocturna pero sobre todo por el conocimiento. Me sentí feliz por saber que esa franja blancuzca no es la leche derramada del pecho de Juno cuando apartó bruscamente al bebé Hércules, sino que es una galaxia, nuestra galaxia y que el Sol es sólo una estrella modesta entre los millones que la forman y… bueno, entonces me acordé de Yolanda.

    Yolanda fue mi tutora en el último curso de la F.P. II. Era una mujer delgada, menuda, con la melena rubia natural más clara que recuerdo. Tenía una nariz rara que hacía que su cara también lo fuera. Yolanda, para que lo voy a negar, era una niña pija metida a redentora de zoquetes, pero era una buena profesora.

    Llamé su atención cuando un día uno de esos zoquetes hizo un comentario machista sobre ella y yo salí en su defensa.  Pero acabé ganándomela cuando le demostré mis conocimientos sobre automóviles.  Pues resultaba que Yolanda y su marido, eran aficionados a los coches clásicos y participaban en “Rallys” y esas cosas que hace la gente de dinero.

    Un día le comenté que yo tuve un coche de juguete que era una reproducción perfecta del Mercedes Benz con motor rotatorio “Wankel”. Ella me dijo que Mercedes nunca había fabricado modelos con motor Wankel.  La conversación acabó pero a la semana siguiente, antes de empezar la clase, Yolanda me apartó a un rincón y me dijo que había consultado con su marido, y que en efecto, Mercedes fabricó en los 70 el modelo C111 con motor rotatorio Wankel.

    En esos tiempos no existía Google e Internet era algo todavía por inventar así que si un chaval de 18 años sabía que era un motor Wankel era porque leía mucho o porque se preocupaba de  aprender, de cultivarse. Además mi profesora ya se daba cuenta de lo propenso que era yo a fustigarme, a la depresión y como me afectaban mi asma, las cataratas y mis otras taras físicas

    Quizás por eso cuando acabó el curso, Yolanda, creyó que debía decir algo que me motivara, que me animara y volvió a apartarme para despedirse de mí sus palabras textuales fueron:

    • “David, tienes un don. Eres capaz de ser feliz mirando la Luna.”

    Entonces no me pareció una gran cosa tener ese don para forjar un futuro (a menos que optara por ser poeta)  y la verdad es que pensé que no era más que una cursilería de niña de papá. Pero ayer, más de treinta años después, mientras contemplaba  “el espinazo de la noche” y me sentía feliz por “saber” comprendí, por fin, las palabras de Yolanda.

  • No me gusta el baloncesto.

     

    (Con motivo de la celebración del mundial de baloncesto en España he decidido reeditar una de las primeras entradas que publiqué en este blog y que eliminé porque no le encontré el sentido de publicarla entonces que en cambio sí tiene hoy día.)

    Una amiga me comentó que se había apuntado para jugar al «Básquet» que es como se llama a hora al baloncesto de toda la vida. Como soy un buen amigo, suelo animar a todo el mundo en sus empeños, aunque sean actividades que encuentro absurdas o poco estimulantes, y ninguna para mí tan absurda y poco estimulante  como el baloncesto.

    Este deporte, que tanto gusta a personajes a los que admiro como Woody Allen o Carl Sagan, es excluyente, pues midiendo 1,70m no me dejarían jugar, lejos de los patios de recreo. Sí ya sé, un tal Muggsy Bogues media 1,60m y fue un fenómeno como algún par más que median menos de 1,75m, pero son casos anecdóticos y si se les recuerda es precisamente por considerar que triunfaron a pesar de no estar en su elemento.

    El baloncesto consiste como otros deportes, en competir entre equipos o de forma individual para superar un obstáculo. En el baloncesto el obstáculo es la altura a la que se sitúa la cesta donde se debe introducir la pelota, así que los responsables de los equipos decidieron hacer trampas. ¿Cómo? sencillo, fichar a jugadores muy altos para reducir al máximo dicho obstáculo, cuanto más alto sea el jugador más fácilmente llegará a la cesta, así que estos se rifan a los jugadores muy altos como Manute Bol, (2,31m) ya fallecido o Yao Ming (2,28m), sólo para que lleguen mejor a la cesta. Ya me dirán qué merito tiene que un tío de 2,20m como Tkachenko, meta o impida meter una pelota en una cesta situada a 3,05m.

    Me cuesta, pero debo admitir, que el futbol es un deporte mucho más democrático. Hay sitio para todos. El mejor futbolista del mundo es Leo Messi  (1,69 m) que puede sortear con tranquilidad a los defensas contrarios porque sabe que Gerard Piqué (1,93m) cuida su retaguardia.

    ¿Por qué no, en vez de fichar a tíos cada vez más altos para llegar mejor a la canasta, no la bajan para que podamos jugar todos? o ¿Por qué no  establecer categorías como en el boxeo. Dejemos la canasta como está actualmente para jugadores de hasta 1,80m y situémosla, no sé, a 4,50 o 5m para jugadores de hasta más de 2m.

    Bueno es una broma pues la verdad es que me da igual. Detesto cualquier deporte como espectáculo, pues creo que aparta a la gente de sus problemas reales y nos mantienen sedados, pero creo que el baloncesto es además excluyente y me irritan las cosas excluyentes pero que además sean populares entre la gente excluida ya me resulta del todo incomprensible.

  • Rosa María.

    RosasEn el último curso de F.P.II en el pupitre de al lado se sentaban dos chicas. Milagros y Rosa María. Milagros era a pesar de su purulento acné una chica muy atractiva, la típica tía buena de la clase, pero a mí la que me gustaba era Rosa María. Era morena, con unos ojos verdes saltones algo separados entre sí de más, lo que la afeaba un poco. Llevaba un perfume que me encantaban y vestía muy recatada pese a lo cual no lograba disimular que sus sujetadores tenían copas muy adentradas en el abecedario.

    Hice cuanto pude en llamar su atención, con lo único que tenía en aquella época: mi facilidad de palabra; además claro, de hacerme el encontradizo o desvivirme por ayudarla cuando requería mi ayuda, que no era en pocas ocasiones, pues un par de asignaturas le resultaban difíciles. Pero nada, nunca percibí en ella aquella señal, aquel indicio de que podía pasar a mayores y proponerle salir y esas cosas. No obstante cuando un adolescente de 19 años, como era yo, está en celo no le resulta fácil desistir y continué con el juego.

    Una tarde de invierno,  a la salida de la academia vi a Rosa María montar en la moto de un tipo musculoso. Era su novio y un novio con vehículo propio. Nada podía yo hacer para competir con aquel Maciste motorizado, así que con un gran sentimiento de frustración dejé de revolotear alrededor de Rosa María. Eso sí, no deje de saludarla ni de ayudarla si tenía alguna duda en matemáticas.

    Una tarde que me crucé con ella y con Milagros, las saludé fríamente como a alguien que sólo conoces de vista. Milagros comentó en voz baja a Rosa María:

    –          El David ya no va detrás de ti.

    No sé dio cuenta, pero la oí y en ese momento me quedó claro que todo lo que hice para llamar la atención de su amiga dio resultado pero, simplemente ella nunca estuvo interesada.

    El curso acabó. El día de la entrega de notas estaba exultante. Tenía todo aprobado con notable alto y eso no sólo me garantizaba el acceso directo a la universidad sino al centro al que quería ir. Todos los que habíamos aprobado fuimos a tomar algo al bar de siempre para celebrarlo. Como no cabíamos todos dentro, compré un refresco y salí a tomarlo en la calle. De repente vi llegar a Rosa María y a su novio en la moto. Aparcaron y se quitaron los cascos. Pude ver como el tipo duro le espetaba algo casi a gritos a Rosa María, esta contestó, la réplica del tío fue propinarle un bofetón que se oyó a un lado y a otro de la calle Juan de Garay. Rosa María bajó la cabeza y el tipejo aquel la cogió de la mano como quién tira de un perro que se para a olisquear, como se agarra algo que es de tu propiedad. Yo no era rival para aquél gorila pero pensé en hacerle frente, la juventud ya se sabe, pero no lo hice pues pensé:

    – Una mujer no es un perro, no es una propiedad y si prefiere estar con él a estar conmigo por algo será.

    Los dos se dirigieron al bar donde estaba yo y al pasar junto a mí Rosa María alzó sus ojos, los ojos saltones por los que bebí los vientos y me miró. Su mirar dijo algo pero yo tal vez era muy joven para interpretar el mensaje, de hecho todavía no he logrado adivinar qué quiso decirme pese a que nunca he podido olvidar esa mirada. Puede que quisiera decirme que debía haber insistido más, que si yo me hubiese declarado ella estaría conmigo y no con aquel cabrón,… Bueno, o tal vez quiso decirme:

    – Ves porqué no te hice caso, no eres más que un enano incapaz de defender a la mujer por la que suspiras.

    Bueno ya que más da, quien sabe como piensan las mujeres. Sólo deseo que no estuviera mucho tiempo con aquel animal y que haya tenido mucha suerte.

  • Buenas personas pero no tanto.

    Día caluroso en Barcelona, muy caluroso. Sudando en el metro rumbo al despacho de mi cliente. Dentro del vagón hace mucho calor. Desde que empezó la crisis los responsables del suburbano barcelonés juegan a la ruleta rusa con el aire acondicionado de los trenes.

    En la estación de Sagrera una muchacha embarazada de muchos meses entra en el coche. Casi instantáneamente otra mujer se levanta y le cede el asiento, permaneciendo de pie frente a ella. La mujer que se ha levantado es de una gran belleza. Alta, bien proporcionada, con un pelo negro córvido y unos ojos aguamarina. Viste bien, conjuntada. Sus escasos complementos son discretos y combinan perfectamente con su ropa a todas luces de marca.

    Dejo de mirarla, no es para mí. En mi escala de inaccesibilidad de mujeres atractivas ocupa el nivel 8 de 10. Es un puesto alto dado que el nivel 9 lo ocuparían las actrices y modelos famosas y el nivel 10 lo ocupan «ex aequo» Marlene Dietrich y Katharine Hepburn.

    Prosigo con mis sudores cuando de repente esa mujer hace una extraña maniobra y se sitúa a pocos centímetros a mi lado. – Mala cosa. – Pienso, cuando una mujer guapa se me acerca tanto en un sitio público es que quiere hablarme de Cristo. Pero no hace nada, la chica permanece quieta, casi pétrea a mi lado, mirada al frente. No es tan alta como parecía pero si más guapa de lo que se entreveía.

    De golpe por el rabillo de mi prótesis intraocular percibo alboroto y confusión alrededor de la muchacha embarazada. Al parecer esta se ha desmayado pero hasta ahora nadie se había dado cuenta. Las personas sentadas a su lado se levantan gritando el consabido «Déjenle respirar». Una mujer cincuentona la abanica y otra de más edad saca de su bolso un pulverizador con agua y la rocía con fruición. No sé si es el procedimiento adecuado en estos casos pero la chica recupera el sentido y comienza a disculparse por las molestias. La mujer cincuentona sigue abanicándola y las demás, para las que lo de ser madre es algo ya superado la consuelan y la animan.

    Yo que he ido a curiosear regreso al sitio que ocupaba. la chica bella de nivel 8 ya no está. La localizo sentada rígida, pétrea con la mirada perdida al frente, en un asiento libre en el otro extremo del vagón.

    Creo entender lo que pasó: la chica de nivel 8 fue la primera en darse cuenta que la chica preñada se había desmayado pero decidió quitarse de en medio, discretamente y parapetarse detrás del abdomen del tipo corpulento que categorizaba su belleza mentalmente. – Soy buena persona como para dejar el asiento a una preñada pero no lo suficiente como para asistirla tras un desmayo. ¿Quién sabe? Igual me vomita en mis carísimas manoletinas.

    Llego a mi parada y sigo con mis sudores. Creo que tengo que modificar mi escala de inaccesibilidad, tal vez un nivel decimoprimero de «hijoputez», bueno ya lo pensaré.

     

  • Gorras, capotes y estados de ánimo

    Septiembre de 2013.

    Estoy  solo, cansado y pensativo en el metro de Nueva York. En la parada de la Avenida Elmhurst de la línea R, dos muchachos afroamericanos ponen música a todo volumen. A ritmo de Hip-Hop empiezan a bailar y a hacer malabarismos con sus gorras. Luego, tras lo que al parecer era un calentamiento, empiezan a hacer equilibrios y piruetas en la barras centrales del vagón. Los miro con asombro, lo hacen muy bien. Los otros viajeros deben pensar lo mismo pues sonríen y hacen comentarios  mirándoles de reojo.  Los muchachos se mueven enérgicamente y a pesar de su gran estatura consiguen realizar sus volatines y cabriolas sin molestar ni tan sólo rozar a los pasajeros. No parece que pidan dinero, simplemente bailan. Me olvido de mis obsesiones y me divierto mirándoles. En Queens Plaza se bajan, su juventud y su energía han hecho que me anime. Solo pero menos cansado y pensativo espero impaciente el momento de llegar a Manhattan.

    Mayo de 2014

    Estoy solo, cansado y pensativo en el metro de Barcelona. En la parada de Monumental de la línea 2 un anciano encorvado y apoyado en una muleta comienza a gritar palabras indescifrables. Tosiendo y expectorando, enrolla un mantón floreado con flecos a su muleta a modo de capote y comienza a citar a un toro imaginario que, también imaginariamente, le embiste. Lo miro con desazón, su actitud desconcierta y apena. Los demás viajeros deben pensar lo mismo pues apartan la vista o comentan con desdén mirándolo de reojo. Se mueve torpemente y con dificultad, pero sus medias verónicas molestan y rozan a los pasajeros. No parece que pida dinero. Simplemente torea. Me hundo en mis obsesiones y me entristezco mirándolo. Su demencia y su fracaso me abruman.  En Sagrada Familia me bajo para hacer transbordo. Solo, más cansado y más pensativo, espero impaciente el momento de llegar a casa.

  • Mendigos y calcetines.

     

    Noviembre de 2011

    Una pareja de jóvenes de algún país del este de Europa entran en el tren. Se trata de un chico que empuja a una chica postrada en una silla de ruedas. Son muy parecidos, se diría que son hermanos. Los mismos ojos, la misma delgadez y la misma expresión triste. No hablan, no piden, sólo esperan que la gente se conmueva con la visión de la muchacha discapacitada. Va vestida con un pijama y lleva sus piernas desnudas. Unas piernas flacas y arqueadas terminadas en unos pies encogidos y descalzos. He visto a personas con lesiones medulares y esas no son las piernas de alguien así. Pero qué sé yo. Qué sé yo de enfermedades motoras, además esas piernas son tan huesudas, tan raras. No parece que puedan sostener a nadie ni siquiera a una muchacha escuálida como a la que pertenecen.

    Por un momento siento pena, pero me dura poco. Nunca doy limosna a quien exhibe a un invalido. Antes había quien exhibía a niños, pero eso ahora está prohibido. Pero además no entiendo como con este frío de noviembre, el hermano de la chica, sí es que es su hermano, no se ha preocupado de ponerle al menos unos calcetines. Sí ya sé quieren optimizar la pena, pero esas piernas… ya son bastante raras como para dar pena sin que la chica tenga que pasar frío. Puede que la chica no sienta nada en sus extremidades, las lesiones medulares ya se sabe. No sé, noviembre no es mes para ir sin calcetines.

    Noviembre 2012

    Una pareja de jóvenes de algún país del este de Europa entra en el tren. Son muy parecidos, ¡Qué digo! son los mismos que entraron hace un año. Los mismos ojos, la misma delgadez y la misma expresión triste. No hablan, no piden, sólo esperan que la gente se conmueva con la visión de la muchacha discapacitada. Va vestida con un pijama y lleva sus piernas desnudas. Unas piernas flacas y arqueadas terminadas en unos pies encogidos y cubiertos con unos calcetines. Es posible que alguien, alguien más valiente que yo, le recriminara al joven que abrigara los pies de la muchacha. O puede que esta se cansara de pasar frío. Sus piernas ya son lo bastante flacas y raras como para ir por ahí sin calcetines.

    Noviembre 2013

    Un joven de algún país del este de Europa entra en el tren. Se trata de un chico que empuja su propia silla de ruedas. Es muy parecido al que empujaba a una chica discapacitada hace un año. ¡Qué digo parecido! Es el mismo. Tiene los mismo ojos, la misma delgadez y ahora, las misma piernas flacas, arqueadas y terminadas en unos pies encogidos y descalzos como ella. He visto a personas con lesiones medulares y esas no son las piernas de alguien así. Pero qué sé yo. Qué sé yo de enfermedades motoras, además esas piernas son tan huesudas, tan raras. No parece que puedan sostener a nadie ni siquiera a un muchacho escuálido como al que pertenecen, y menos a uno que empujaba la silla de ruedas de una chica discapacitada hace un año. ¿Qué habrá sido de su hermana, sí es que era su hermana? Tal vez empeoró tanto que ya no puede salir a pedir  o quizás haya mejorado y esté en otras cosas. Sea como sea, noviembre no es un mes para ir por ahí sin calcetines.

  • Las insignificantes tumbas de los hermanos Kennedy

    Actualización 26/10/2019:

    El día 24 de noviembre de 2019 el General Francisco Franco fue exhumado del Valle de los Caídos por lo que esta entrada ha perdido parte de su significado inicial. No obstante mantengo su vigencia como recuerdo de un acontecimiento importante de mi vida.

    En septiembre de 2013, durante mi visita a Washington estuve el cementerio de Arlington. Este cementerio tiene la particularidad de que sólo pueden ser enterrados bajo él, aquellas personas que hicieron algo en defensa de la nación. Por eso allí yacen miles de soldados de todo rango o civiles como los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines que evitaron que el avión colisionara contra su objetivo en el 11 de septiembre de 2001.

    Nos es obligatorio ser enterrado allí si has sido un héroe o una heroína, primero se consulta con la familia y si esta accede, entonces se entierra al difunto allí.

    Pero sin duda los personajes más famosos allí enterrados son los hermanos Kennedy. Tuve ocasión de ver sus tumbas. La del presidente asesinado es un pequeño mausoleo consistente en una lápida bajo la cual yacen sus restos mortales, los de Jackie Kennedy y los de uno de sus hijos, no recuerdo cual. También hay un pebetero donde una llama eterna flamea y un modesto monumento de mármol y granito donde hay esculpidas frases y discursos del infortunado presidente. La familia Kennedy no quería que se le dedicara ningún monumento ni siquiera uno tan sobrio, pero las leyes americanas prohíben que un presidente fallecido no tenga una tumba digna de su categoría.

    Por cierto, Jackie está enterrada allí  aun siendo viuda de Aristóteles Onassis, pues la tradición estadounidense reconoce sólo la viudedad del primer esposo, en caso de que una mujer haya enviudado en más de una ocasión. Sí Onassis estuviera vivo o se hubiese divorciado de Jackie, esta no tendría derecho a estar enterrada en Arlington.

    Washington (15)
    Tumba del Presidente Kennedy

    Flanqueando la tumba del matrimonio Kennedy están las tumbas de los otros hermanos. Los senadores Robert y Edward y el primogénito, Joseph, que murió en una misión durante la segunda guerra mundial a la que se presentó voluntario.

    Las tres tumbas son apenas unas diminutas lápidas blancas coronadas por tres cruces también blancas. Son tan sencillas y tan austeras que nadie diría que allí están enterrados tres de los personajes históricos más queridos e idolatrados por los norteamericanos.

    Washington (16)
    Tumba de Robert Kennedy
    Washington (17)
    Tumba de Ted Kennedy (en primer plano)

    Mirando las tumbas de Robert ,Ted y el mausoleo de JFK me dio por pensar en lo distinto que somos en España. Aquí, un dictador genocida y ladrón y su compinche golpista, El General Franco y José Antonio Primo de Rivera, están enterrados en algo llamado el Valle de Los Caídos: una montaña excavada y recubierta de mármol, por miles de presos políticos esclavizados. Un templo coronado por la cruz cristiana más alta del mundo. No puedo resistirme a contarle esta anécdota al guía que nos está explicando las cosas. El hombre me mira con asombro:

    – ¿Eso es verdad? Me pregunta incrédulo.

    – Sí, es verdad.- Corrobora una chica argentina que ha escuchado lo que yo decía.

    – Sí.- insisto yo.- Una tumba gigante para un dictador enano de un pueblo más enano todavía.

    El guía sopla con asombro y parece mirar con orgullo la tumba de JFK pero luego parece entristecer y sin mirarme comenta:

    – A este lo mató la ultraderecha.

    El guía, la chica argentina y yo ya no nos separamos el resto de la visita. Durante un tramo en silencio, la chica argentina pregunta:

    – ¿Cuantos presidentes ha habido? Pregunta de ascensor, pero algo hay que decir.

    – 45, dice el guía.

    – No, son 44. Groover Cleveland tuvo dos mandatos  no consecutivos y por tradición se le cuenta como dos presidentes.- Comento indiferente.

    – ¡No me acordaba de eso! – exclama el guía.-  ¿Cómo lo sabes tú?

    – Es por una cualidad muy europea que tengo. Se llama cultura.- Pienso para mis adentros.

    Entradas relacionadas:

    – La película Zapruder.

  • ¡Llámame por favor urgentemente!

    Imagen

    Suena el teléfono. Mi precioso Samsung Galaxy S2 de principios del siglo XXI emite el sonido de un teléfono de principio del XX.

    En la pantalla aparece un número:  807 54 40 15. No está en mi agenda. No suelo contestar desde mi celular a nadie que no figure en mi agenda. Sí quieren contactar conmigo que dejen un mensaje en el buzón de voz que para eso está.

    La llamada es insistente pero me niego a responder. Pasado unos segundos ceden. Casi sin dejarme respirar me vuelven a llamar esta vez decido contestar, mucho insistir me parece.

    – ¿Diga? – contesto con mi más adusta expresividad.

    – ¡Llámame por favor, urgentemente! – me dice una hermosa voz de mujer justo antes de colgar.

    ¿Quién podrá ser? Pienso. Intento identificar la voz, pero eso es una tarea ardua para un hombre que como yo tiene una vasta e intensa vida amorosa. Además un teléfono con prefijo 807 es tan común. Casi todas las mujeres que conozco disponen de teléfonos con prefijo 807. No puedo concretar.

    La voz y el teléfono pudiera ser de…. o quizás de… sí, seguro que es ella, pero ¿y si no lo es? No puedo arriesgarme a llamarla pues si no es ella la que llama se dará cuenta de  que tiene otras competidoras con teléfono 807 en mi agenda. Opto por no llamar. La voz parecía acongojada así que si realmente me necesita que me diga qué quiere dejando un mensaje en mi contestador.

    Lo malo es que se enoje y ya no me hable más, pero bueno, será por mujeres de hermosa voz con números que empiezan 807, tengo donde elegir.

    Me encanta que me intenten timar. Me siento más seguro de mí mismo dándome cuenta de que me la quieren dar con queso y de paso restaño mi autoestima por las tomaduras de pelo que me hicieron cuando era más joven e inocente. Lástima no poder contestar y decirle a estos listos. «¡Eh! No cuela»

  • Lenguas muertas. Lenguas matadas.

    Yo nací en Cataluña y hablo el catalán de tal manera que haría palidecer al bueno de Don Pompeu Fabra, pero mi lengua materna es el castellano y en él centraré lo que quiero decir. Resulta muy práctico tener una lengua propia que es de las más habladas en el mundo pues ello conlleva ventajas como que haya gran cantidad de información en español en Internet, por ejemplo. Pero más allá de esto, lo que le pase al castellano en el futuro me trae sin cuidado ya que yo estaré fiambre. Además como ya sabemos por el programa ese de la medium Anne Germain, cuando te mueres, aprendes inglés instantáneamente que al parecer es la lengua vehícular de los espíritus.

    Pero sí que me afecta la manera que es tratado el castellano en el presente ya que es síntoma de nuestra actual degradación como sociedad. El español morirá como murió el latín y como morirá el propio inglés, pero a veces pienso que al español lo estamos matando antes de tiempo. Y lo estamos matando por tres motivos:

    • Nos avergonzamos del idioma. No sé por qué pero parece que no nos sentimos cómodos en nuestra piel lingüística. Por ejemplo: un oficinista de habla inglesa no siente ningún pudor en encender cada mañana su “contador” cuya “ferretería” funciona gracias al sistema operativo “Microblando” “Ventanas” con el que redactará documentos en su “Palabra” y quizás haga una presentación para su jefe en “Foco de atención”. Luego a la hora del cigarrito no reparará que el “listófono” con el que llamará a sus hijos sea un “iFono” de “Manzana”. No me imagino a ninguna empresa española poniendo nombres de frutas y verduras a su marca. Quizás por vergüenza hemos abandonado el Baloncesto por el “Basquet”, los “Mercadillos” por “Oulets”, las gangas por “low cost” o a los «balnearios» por “spa”.
    •  Somos perezosos. más que antaño. Por eso ya no nos importa inventar palabras para los nuevos avances tecnológicos por ejemplo, es más, hemos abandonado incluso las denominaciones que teníamos fuertemente arraigadas. Ni siquiera somos coherentes con los neologismos o extranjerismos, que siempre los ha habido, pero usados correctamente y no como ahora que decimos sin ruborizarnos que el teléfono que llevamos en el bolsillo es móvil, cuando debería decirse portátil, ya que móvil implica que se mueve por sí mismo. Tampoco  nos sangran los oídos oír a Jesús Vázquez ofreciéndonos una “Smart TV” A mí sí me sangran cuando oigo a la maravillosa Carolina Denia hablar en su “blog” no bitácora, de “Gadtges” en vez de «chismes» o «cacharros».Igual de grave es la costumbre cada vez más extendida de traducir con el culo del inglés lo que cualquiera que haya estudiado este idioma, ni siquiera en el colegio, sabe que se les llama «Falsos amigos». Así oímos que una cosa «rara» es «bizarra» cuando «bizarra» en castellano es sinónimo de «valiente». ¿Y qué decir de esa estupidez que se ha vuelto crónica, de llamar al «software» o a los conectores electrónicos «propietarios» en vez de «privados» sólo porque en inglés un objeto propio es una «proprietary».
    •  Somos descuidados con la higiene. Somos un poco guarros y permitimos que el idioma adquiera palabras parásitas que lo hacen menguar cual solitaria. Un ejemplo paradigmático es la horrible palabra “glamour”. Vocablo malsonante donde los haya que es repetido “ad nauseam” en los medios de comunicación y que devora vocabulario cual tenia instalada en las tripas de la lengua, como por ejemplo:

    Glamour

    En definitiva, el idioma es un indicativo de nuestra indolencia y nuestra falta de autoestima y eso es lo que realmente me afecta ya que el idioma como tal tiene salvación y se llama América.

    Quizás algún día el castellano tenga la suerte del portugués que ha dejado de ser la lengua de Portugal para ser la lengua del Brasil. Puede que tal cosa no esté tan lejana, el español dejará de ser la lengua de España para ser la de gran parte de América tal como lo demuestran día a día comunicadores como el Gran José de Tecnofanático.com que redacta y graba su blog desde los Estados Unidos en español, pero que siempre habla de “celulares inteligentes”, y “dispositivos” (Eso sí, no me alegra la vista tanto como Carolina)

    Por cierto, quiero que el posible lector de este “post” se haya percatado de que en todo momento he usado la primera persona del plural pues yo participo de esa misma indolencia y no pretendo dar lecciones a nadie.

  • Crisis de los cuarenta.

    Túnel

    ¡No va mi médico y me dice que tengo la crisis de los cuarenta! Pero si yo creía que eso no existía, que era un camelo y resulta que me la diagnostica todo un licenciado en medicina. Bueno pues,  si lo dice mi psiquiatra, será verdad y eso significa que tras la actual fase de depresión que agrava la depresión que padezco de por sí, le sucederá una fase de deseo de cambiar de mejorar de recuperar la juventud que sé, que acabo de perder.

    Porque la crisis de los cuarenta consiste básicamente en descubrir que ya no eres joven, que ya no será más una promesa y que eres lo eres y ya no hay más. La crisis de los cuarenta es darse cuenta de que no hay futuro, el futuro es cosa de jóvenes y tu acabas de dejar de serlo. Estoy hablando desde mi experiencia claro. Sí ya sé que personajes históricos como Abraham Lincoln o Winston Churchill consiguieron sus mayores logros cuando ya eran venerables ancianos (he leído “Sopa de pollo para el alma) pero yo no soy ni el uno ni el otro y tengo que asumir que lo que tenga que llegar será muy poco.

    Pero ¿Es tan malo no tener futuro? Puede que ya esté saliendo de la fase depresiva de la crisis de los cuarenta pues empiezo a cuestionarme un motón de cosas, sobre todo, debido al desasosiego y la ansiedad que me provocan y una de ellas es el pensar en el futuro.

    Los que hemos frecuentado las terapias psicológicas mucho tiempo hemos oído decir e incluso hemos dicho con frecuencia que el pasado es una losa, que la mala situación actual que vivimos es consecuencia de los errores del pasado y que por tanto el pasado nos pesa y no podemos avanzar. Sin embargo, la vida es tan sumamente compleja y difícil  que el pasado deberíamos verlo como el resultado de haber superado con éxito todos los problemas que nos hemos ido encontrando: aquellas enfermedades que se curaron, aquellos trabajos realizados, aquellos amores perdidos, aquellos accidentes evitados… no, el pasado no es un lastre el autentico lastre es el futuro, la idea cruel que nuestra cultura nos impone desde niño de que hay que tener un futuro. Todo lo que haces en tu juventud es labrarte un futuro, hacerte un hombre de provecho y esas cosas que te repiten continuamente.

    Pero un día cumples 44 años y descubres que el futuro no existe (sobre todo si tu madurez coincide con una crisis económica mundial y bestial) ¿Y entonces qué? Pues entonces descubres que el verdadero lastre de tu vida es el maldito futuro, y eso explica a mi juicio la crisis de los cuarenta. Primero sufres porque ese futuro por el que te sacrificaste no llegó, no importa si eres príncipe o mendigo; si eres un mendigo te decepcionas por no haber salido de la pobreza y si eres un príncipe te decepcionas porque no llegaste a rey. Después la vida se hace tan dura que decides librarte del peso extra y prescindes de la inhumana idea del futuro. ¡Fuera futuro!, ya no queda tiempo para soñar ahora sólo tengo tiempo para vivir.

    La idea de librarme del futuro resulta muy tentadora, no se me ha ocurrido a mí, mucha gente lo sabe desde siempre y por eso han disfrutado su vida, porque no se preocuparon del futuro a más de un mes vista. Recuerdo que mi propio hermano me comento que era ridículo solemnizar la vida y darle demasiada importancia a las cosas.

    • ¿Qué pasaría si dejara de preocuparme por mi vejez, mi seguridad económica y mi porvenir?  Ya tuve todo eso y la crisis y dos gobiernos canallas me lo arrebataron. ¿Qué puede pasarme? ¿Acabar compartiendo un pedazo de pan duro con las palomas en la plaza del Congreso Eucarístico? ¿Acaso eso es peor que malgastar tu única vida trabajando sin descanso para explotadores? El tiempo es la mayor riqueza y tuvieron que echarme de mi empleo para que me diera cuenta.
    • ¿Qué pasaría si dejara de importarme la política, las banderas y los dioses? Por qué no dejo de escribir este blog y vuelvo a dibujar cómics como cuando era adolescente, tampoco los leía  casi nadie, pero me llenaba. Incluso quedé tercero en el Primer Concurso de “Auques” de Cataluña y los “auques” (aleluyas) son como cómics ancestrales.
    • ¿Qué pasaría si dejara de preocuparme por mi aspecto, de mi imagen en los espejos? ¡Qué cómodo sería ir en chándal y usar riñonera!, bueno lo de la riñonera ya lo hago. Además mi aspecto no es tan diferente a como es la gente corriente en general, así que tampoco desentono tanto.
    • ¿Qué pasaría si dejara de pensar en las mujeres como entes divinos y aceptar que, a pesar de que en general son maravillosas, también pueden ser impías e insaciables sanguijuelas? ¿De qué me han servido tantos años de caballerosidad? No sería estupendo dejar de reprimirme y reconocer que lo primero que miro es el escote. ¡Qué divertido sería echar piropos, mirar culos y recibir alguna que otra bofetada! Siempre será mejor tener los dedos de una tía marcados en la cara que tener sólo popularidad baja en tu perfil de Badoo. Eso no va a aumentar mi éxito con las mujeres, lo sé, pero ser un buen tío tampoco me sirve de mucho y es bastante más difícil y menos divertido.
    • ¿Y qué pasaría si limitara el cuidado de mi salud a evitar empeorar del asma y evitar excesos para no contraer enfermedades graves pero no para mantener la línea. Tengo barriga ¿Y qué? No sería estupendo no privarse de nada ni hacer dieta ni inútiles sacrificios?.  Quizás hasta debería cambiar al psiquiatra, por una botella de vodka y una caja de puros.

    He leído que los Aimaras, la etnia a la que pertenece el presidente de Bolivia Evo Morales, tienen una visión del tiempo contraria a la nuestra: ellos dicen que el pasado está delante pues ya es conocido y se puede ver, mientras que el futuro viene por detrás y por eso no podemos verlo. Y creo que esa es la definición de crisis de los cuarenta, cuando miras hacia adelante y  ya no ves el futuro, ya no puedes soñar; sólo vivir.

    Todavía estoy lejos de superar mi crisis de los cuarenta, me queda mucha sertralina y mucho valproato sódico que tomar, pero la perspectiva de que dentro de poco me importará todo un bledo y que ya no me sentiré fracasado sino vivo es, sencillamente, todo un estímulo para recuperarme y disfrutar de la vida.